Una biografía acelerada

Nací el 7 de octubre de 1966. O eso dicen. El lugar es incierto porque fui apartado de mi madre en el momento de mi nacimiento y entregado a otra madre , en este caso la esposa de mi padre biológico, el cual me regaló algunos hermanastros que no conozco. El negocio lo llevó a cabo un fraile capuchino, lo que resulta bastante decepcionante si tenemos en cuenta que estos forman parte de la ​ “Familia Franciscana”, ​ la iglesia de los pobres, dicen. Sinceramente, no le guardo rencor.

Mi nueva madre, Adela Torres López, seguro que me quiso igual que yo la quise. Pertenecía a una antigua familia pequeñoburguesa de Sagunto con la que me crié oyendo las historias del tío Paco (proyeccionista en el cine Marvi) o de quien fue mi abuelo, al menos adoptivo, Emilio Torres Asensio maestro de enseñanza laica allá por 1912. Mi abuela, por el contrario, profesaba unas profundas creencias religiosas. Se llamaba María López Colomer.

Lo de mi padre es otro cantar. No era un buen hombre aunque, como todos, tenía algunas cosas que no acababan de estar mal. Me gustaría pensar que fue un enfermo. En el fondo sé que no lo fue. Nació en Fortaleny por casualidad, hijo de Concepción Gil Prats y de Miguel Goig Ruiz, funcionario del Estado destinado en la zona que, además, ejercía de periodista, escribía cuplés, letras de ​óperas bufas ​ y dirigía una revista satírica anticlerical. Miguel era un desheredado, la oveja negra de la familia. Mi abuela Concha, su mujer, que había sido cupletista, era de misa diaria.

Mi padre, como les contaba, no era un buen tío. Calculo que yo fui su tercer o cuarto hijo y… ¡hasta ahí! Su mujer ya no se lo pasó. Tengo fe de bautismo, certificado literal de nacimiento, pero no partida del mismo. Gracias a las gestiones del ínclito Padre Laureano, mi madre biológica fue desterrada de la provincia de Valencia, hecho este (el del destierro) algo bastante más habitual durante el franquismo de lo que se supone. Y sí. Sigo sin guardar rencor. He tenido una magnífica educación católica. De hecho he sido expulsado de las más prestigiosas instituciones educativas religiosas, a saber: el Colegio San Vicente Ferrer de los Reverendos Padres Dominicos, el Colegio Mercurio (de estrictas normas) y, un año después, del colegio de los Padres Salesianos. Jamás me tocó un cura (aunque hostias me dieron varias) y de mis compañeros y algunos profesores guardo un grato recuerdo. De lo aprendido acerca de la escolástica o las diferencias entre Exégesis y Hermenéutica siempre le estaré agradecido al Padre salesiano Manuel Bellver. Y no, no es una broma .

Sin embargo el acontecimiento que cambió por completo mi vida sucedió cuando, con catorce años, tuve que asistir, en la más absoluta soledad, a la muerte de mi abuela María. La acompañé en su tránsito a la nada, sin la presencia de mis padres que huyeron (junto con el cura) presos del pánico. A mi abuela, a la persona a la que más quería, tuve que amortajarla sólo porque, los fervientes creyentes en el “más allá”, huyeron desatados por el “más acá”. Eso como comprenderán ustedes, hace que se tambalee “la fe del más pintado”. Y, a partir de ahí (y en aquel entonces con rencor) comencé un camino de introspección, reflexión y uso del pensamiento crítico que, visto en perspectiva, resultó ser el último gran regalo que me hizo mi abuela con su muerte. También cogí una depresión que arrastre durante al menos tres larguísimos años.

He trabajado de cristalero, camarero, grabador de vidrio, técnico de sonido, DJ, presentador de Karaoke, ​ “collidor de taronja” , ​ comercial, vendedor de enciclopedias a puerta fría y de discos para animal records, masajista, administrativo y también de contable en una empresa de Foios (provincia de Valencia). He cantado en un grupo y estuve a punto de fichar en solitario para la discográfica Max bajo el nombre “artístico” de Cáñamo Denso, operación truncada cuando un sicario Mexicano disparó por error a un DJ de la compañía al que había confundido con el dueño. Todo muy normal. He publicado dos libros y junto a Pilar Fernández escribí la Memoria Histórica para el expediente de segregación del Puerto (del municipio de Sagunto) en cinco tomos no publicados y digitalizados, que deberían poder consultarse en ese Ayuntamiento. He trabajado en Onda Cero, escrito para El País y dirigido mi propio periódico local, dos mediometrajes y una revista que no era mía. He redactado cientos de fraseos publicitarios y he escrito, como “negro”, para otros. Durante más de 25 años me he dedicado a la estrategia publicitaria y a la comunicación.

Fui concejal, puesto del que dimití , hace ya unos años, debido a unos trastornos neurológicos que me impedían ejercer como yo hubiera querido. Sufrí una hemiparesia lateral derecha, una disminución del movimiento sin llegar a la parálisis total, de la que fui tratado primero en el hospital de Teruel y luego en la Mini Fe (Puerto Sagunto). Salí de la política local en plena crisis y enfermo, habiendo renunciado a un buen trabajo por intentar agotar la legislatura. Salí con menos recursos de los que entre, con más de cuarenta años, con deudas con el banco y un historial médico nada recomendable para ser contratado. Salí sin puerta giratoria, sin pedir ni recibir un favor de nadie porque en política a nadie he debido nunca nada, ni he dejado que me debieran a mí. Lo normal en este país.

Y me recuperé. Gracias a grandes amigos y mucho esfuerzo. Encontré una empresa Valenciana en una situación peor a la mía. La empresa contaba con dos socios y un trabajador. Se llamaba NT-K y había sido denunciada por una “empresita de informática” (Apple) por un teórico robo de la propiedad intelectual. Aquí sí que me contrataron ¿Qué podían perder? Y comencé, otra batalla, esta vez contra los chicos de la manzana. Y la ganamos, ​ conquistando a la opinión pública nacional e internacional.

A raíz de ​ “ganar a Apple” la empresa creció, y cambió su nombre a ImasD Tecnología Española (no, no es un oxímoron). Comenzamos a fabricar en España con componentes importados, se empezó a contratar gente y nos pusimos a trabajar en un proyecto de Tablet modular compitiendo, esta vez, con otra ​“empresita” llamada Google. En marzo de 2015 en el mobile world congress de Barcelona, en el Stand cedido por el ministerio de industria y representando a España, ​ImasD ​ presentó, antes que el gigante americano, el primer prototipo de tablet modular Click ARM. Y hasta ahí llegó lo bueno.

De vuelta del mobile, a finales del mes abril o principios de mayo, me diagnosticaron cáncer de pulmón. Inmediatamente la empresa me despidió de forma improcedente, sin sueldo, ni indemnización. Comenzaba, así, dos batallas nuevas: contra la empresa y contra el cáncer. Y de verdad, no guardo rencor.

No pagarle a un tío con cáncer su sueldo, dejarle sin nada, despreocuparse de quien un día te sacó de la mierda, no es una ​cuestión “de política de empresa” ​ es de ser mala persona o, simplemente, un sujeto inacabado con algún trastorno de infantilismo grave. Al responsable, él sabe quién es, solo le deseo que si alguna vez se encuentra en una situación como la mía no se tope con alguien de su catadura moral. Y sí, le guardé rencor. Pero ya no se lo tengo. No quiero desperdiciar mi tiempo con trozos de carne, por malvados que sean.

Llevé a la empresa a juicio. Lo gané. Y mientras tanto, recibí el apoyo incondicional de grandes amigos que jamás me abandonaron en los malos momentos. Y fueron muchos, bastantes más de los que pueden contarse con dos manos. Dos, a los que no cito por cuestiones que ellos y yo sabemos, se lo jugaron todo por mí.

En fin, después del cáncer de pulmón, y la adicción y posterior desenganche al Fentanilo, llegó un pequeño paréntesis de normalidad y… ¡toma tumor cerebral! (Dos, para ser exactos). Y en eso estamos. En otra batalla que abordo de una forma no muy convencional, pero que a mi me funciona: escribir, comunicar, hacer lo que he hecho siempre porque estoy vivo y celebro mi vida que es intensa, a ratos feliz, y plena con los míos. Y como no creo en un más allá y sí en la vida, disfruto de ella como si no hubiera un mañana (que no lo hay). Afortunadamente he hecho siempre lo que me ha dado la gana, he vivido mi vida sin dejarme coaccionar por el qué dirán o pensarán y eso, en mi situación, resulta reconfortante. Pero una cosa les prometo: voy a agarrarme a la vida como una garrapata.

Y ya acabo, esta biografía acelerada, plagiando una entrada de mi ​ página de Facebook * ​ en la que les invito a participar : ​“En el caso de una persona adulta un diagnóstico con posibilidad de muerte puede asumirse como una maldición o un regalo. Porque ante una perspectiva razonable del fin cabe la desesperación o la posibilidad de cerrar de forma consciente, a la manera clásica, el libro de la vida. Y no, no me refiero al suicidio. Hablo de cerrar capítulos abiertos que a estas alturas cobran importancia. Decirle al amigo que le quieres, al adversario que no le guardas rencor, disculparte ante el que ofendiste injustamente y expresar agradecimiento a quienes te apoyaron. Es en este tiempo, en el que puedes acabar no siendo, cuando te completas como el ser humano que, por fin, puede explicarse a sí mismo. ¿Hay algo en lo que se pueda encontrar mayor belleza? Quiero elegir mi diagnóstico como un regalo”.

Salud y Rock & Roll para todos

Jaime Goig