Escoja usted verdugo, por favor

“Lo más siniestro de la democracia es que permite elegir, supuestamente de forma libre, a los presuntos verdugos que pueden gestionar una catástrofe”                         

Jesús G. Maestro

La democracia, «nuestro sistema de gobierno», esa que algunos ya hemos asumido como cadáver, se sostiene únicamente en tres pilares : el mercado, el miedo y la oclocracia de partido.

La ilusión de soberanía, de «libre albedrío» en nuestras decisiones, es una engañosa «libertad de adquisición» de los distintos bienes y servicios que ofrece el mercado. A no ser que sea usted pobre, claro. Porque entonces no dispondrá siquiera de esa ilusión y, a la hora de tener, lo único que tendrá será miedo. Miedo a no poder alcanzar aquellos productos que, por esenciales, resultan imprescindibles para mantener un modelo aceptable de subsistencia.

Pero existe, además, una tercera persona que completa esa trinidad sistémica dedicada a pastorear a las masas: la oclocracia de partido. Esta última encarnación resulta de gran ayuda, por consoladora; no podrá usted comer pero estará en disposición de escoger a un memo, el que un partido político, ese al que usted vota, haya elegido para apacentarle.

Así que ¡Enhorabuena! Y escoja usted verdugo, por favor.

No descarten la guerra

Les traigo una noticia: comienza a visualizarse la muerte de la democracia como sistema de gobierno. Buena noticia, excepto para los hooligans de partido (muy abundantes en nuestra nación) y para ese fundamentalismo democrático que resulta ser el único pensamiento consentido por ese mercadillo de tenderos codiciosos llamado Unión Europea.

La democracia acabó. Quizá no nos quisimos dar cuenta, y preferimos confundir su olor a descomposición con el de nuestros propios miedos. Pero llegó la pandemia y, con ella, la realidad. Ningún sistema de gobierno, ninguno, es capaz de albergar tanto enemigo en su seno, tanta mierda suicida, tanto relativismo disolvente, tanta idiocia infantil de sus partícipes.

No nos genere, pues, ningún problema enterrar el cadáver ya que el peligro es otro: ¿Quién ocupará su lugar?

La respuesta no es halagüeña. Tras la disolución de las izquierdas en ese capitalismo Cool, neoliberal, amigable y relativista (al que no quieren renunciar) será el neofeudalismo quién ocupe su nicho. Ese nicho cavado por una sociedad adolescente que ignora que los derechos ni se tienen, ni se otorgan sino que se conquistan; y que estos desaparecen si no se preservan.

Así que, gracias, queridos activistas de la nada por ese intento de convertirnos de nuevo en vasallos.

No descarten la guerra. Una guerra por la supervivencia que se jugará en el campo de las ideas, y en un eje distinto al actual, pero que no por ello será incruenta. Una guerra donde se enfrentará el materialismo al relativismo, el pensamiento a la corrección política, el internacionalismo al globalismo, la nación a la etnia, la realidad a «el relato», la ciencia a la superchería y, siempre, lo común al privilegio.

No tenemos ninguna certeza de ganarla