Torra y el Ku Klux Klan de la republiqueta

No, no tiene una tara en el ADN, desafortunadamente para él. Si la tuviera, si se pudiera argüir cualquier tipo de anomalía mental en el señor Torra, entonces sus palabras y acciones no tendrían mayor relevancia moral que la de una catástrofe natural (no se pueden pedir responsabilidades a la tormenta por provocar una inundación). Pero, no ,Torra no padece enfermedad mental alguna (al menos que sepamos) que pueda eximirle de su verbo y actos. Por eso, por su absoluto desconocimiento de la ética (acompañado de altas dosis de miseria intelectual) resulta el líder ideal para un movimiento racista*, violento, ilegítimo e inmoral como es el separatismo catalán. Y, no, no es violento sólo por los “chapuzas confesos” detenidos hace unos días en Cataluña;  es violento por la coacción que ejerce, diariamente, contra aquellos que se oponen a sus pretensiones. Es violento cuando señala comercios a los que boicotear, políticos a los que acallar, niños a los que segregar, cuándo agrede, intimida, amenaza o insulta. Es violento cuando, en base a unos supuestos derechos imaginarios, despoja del amparo de la legalidad a una gran parte de la sociedad catalana. Tan catalana como los propios independentistas. Por eso, el separatismo es también ilegítimo; porque utiliza al señor Torra (y a las herramientas de las que este  dispone como representante del Estado español en Cataluña) para coaccionar y desplazar a una parte de la sociedad, repito, tan catalana como los propios secesionistas. 

No. Torra no es un demócrata, desconoce lo que es la democracia por mucho que con ella se llene la boca. Torra y sus acólitos son puro fascismo: “si no piensas como yo te marchas de aquí que esta tierra es mía”, “si hablas, o eres, español: bestia con taras en el ADN”“¿Los andaluces? hombres inacabados…” Puro supremacismo, puro racismo, el Ku Klux Klan de la republiqueta que abraza, como miembros honorarios, al asesino Carles Sastre y a Otegi el secuestrador. 

SAN SEBASTIÁN, 14/11/2018.- Quim Torra , saluda al dirigente de EH Bildu, Arnaldo Otegi , en la conferencia, a iniciativa de Gure Esku Dago, sobre la autodeterminación. EFE/Juan Herrero.

Pero, sobre todo, el independentismo es inmoral. Que Torra y sus secuaces enarbolen un supuesto derecho de autodeterminación de Cataluña (una de las regiones con mayores competencias y autogobierno de Europa, de las más descentralizadas y más ricas) pretendiendo equiparse a naciones realmente oprimidas, como el  RASD (Sahara occidental) resulta repugnante, profundamente inmoral y descorazonador  para aquellos que nos consideramos de izquierdas. Frente a las siete empresas catalanas del IBEX: los siete millones de minas antipersona de la frontera de arena; frente a los “mártires del 1-O”:  las más de 2.500 personas heridas, mutiladas o asesinadas por los explosivos esparcidos en el Sahara desde el 75; frente a la dictadura marroquí: el Estado al que Torra representa; frente a los políticos presos del “prusés”: los presos políticos saharauis…   Bochornoso. Y vergonzoso, también, que esa panda de burguesitos “Pijo – Progres» que conforman la autodenominada izquierda española (desde Sánchez a Iglesias pasando por Garzones, Errejones y la arribista de Ada Colau) blanqueen, cuando no apoyan abiertamente, a un movimiento que es puro fascismo y que denigra, con su mera existencia, a los pueblos realmente oprimidos. 

*El racismo, en el nacionalismo catalán, viene de lejos. En 1887, Pompeyo Gener publicó Heregias . Estudios de crítica inductiva sobre asuntos españoles por P.G. (Fernando Fé, Madrid). En Heregias, Gener, aplica las doctrinas raciales a España vinculándolas a la nacionalidad y a la existencia de una «raza catalana» distinta, superior y enfrentada  a la «raza castellana» inferior y corrompida por influencias semíticas y presemíticas («los andaluces»): «En España, la población puede dividirse en dos razas. La aria (celta, grecolatina, goda) o sea del Ebro al Pirineo; y la que ocupa del Ebro al Estrecho, que, en su mayor parte, no es aria sino semita, presemita y aun mongólica [gitana] (…) Nosotros, que somos indogermánicos, de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores».
 
A principios del siglo XX el racismo de diferentes sectores nacionalistas catalanes encuentra un referente en el nacional socialismo, tal y como se recoge en  «Nacionalismos periféricos y fascismo. Acerca de un memorándum catalanista a la Alemania Nazi (1936)» Núñez Seixas, Xosé Manoel. Historia Contemporánea (Bilbao: Universidad del País Vasco). En 1932, el dirigente del Partido Nazi, Dr. Karl Cerff, en una entrevista publicada por el periódico La Nació Catalana, órgano del Partido Nacionalista Catalán, afirmaba que «‹conoce› que los catalanes son racialmente diferentes de los españoles y define a los judíos como enemigos del nacionalismo catalán. Así en mayo de 1936, Manuel Blasi y  Baldomer Palazón, máximos representantes del «pro-fascismo» de Nosaltres Sols!, ofrecía al NSDAP los servicios de los nacionalistas catalanes y vascos a cambio de una Cataluña independiente (Seixas). 
Nosaltres Sols! defendía la superioridad racial de los catalanes, frente a los «africanos españoles», considerados «un elemento de la raza blanca en franca evolución hacia el componente racial africano semítico (árabe)». Por tanto la influencia española en Cataluña suponía un peligro de contagio del carácter «gandul y pro-africano español».  Para solventar esta situación Nosaltres Sols! (1931) publicó las «reglas de patriotismo sexual», reglas de obligado cumplimiento para «todo catalán y catalana dignos de tal nombre» «prohibiendo» el mestizaje de las razas catalana y castellana porque «dejando aparte honrosas y rarísimas excepciones, veremos que el individuo de sangre catalana-castellana es híbrido, infecundo, como no puede ser de otra manera».

1933. Ferran Soldevila, historiador: acusaba a inmigrantes andaluces y murcianos de no adaptarse a vivir en Cataluña. Murcianos, andaluces e inmigrantes llegados de Albacete eran poco menos que escoria para Soldevila, sureños de baja condición social. Que pudiesen residir libremente en Cataluña era un “escándalo que convertía en inútil la repatriación de emigrantes parados”.​ Así, Josep Antón Vandellós alertaba de “la llegada de una población que no era asimilable” (Cataluña, poble decadent -1935) porque las «hordas invasoras» murcianas no pagaban alquileres, no respetaban  contratos y practicaban el amor libre para provocar una invasión demográfica que diluyera el elemento catalán (Carles Sentís). 

Todo muy progresista (como pueden observar). 
 
1​ Martínez Hoyos, Francisco. «El discurso de la hispanofobia: racismo y xenofobia en el nacionalismo catalán».  

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