Ecocapitalismo II

Greta Thunberg, la ONU y el negocio del clima
                                         

Greta Thunberg se dió a conocer al gran público en la COP 24 (cumbre por el clima de 2018 celebrada en Polonia ) representando a Climate Justice Now, un chiringuito climático creado en 2007 dedicado a hacer asambleas, debates y manifiestos. Sin embargo Climate Justice Now no realizaba ninguna actividad desde 2009 [1] por lo que algunos la consideran una “organización fantasma”, una burda tapadera creada ex profeso para promocionar a Greta. Según el diario británico The Sunday Times, la adolescente debe su notoriedad al magnate, Ingmar Rentzhog [2], responsable de que Thunberg fuera invitada a la conferencia sobre el clima de la ONU y al Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza. Rentzhog es el Presidente de Global Utmaning, un laboratorio de ideas e investigación en el que participan, además de destacados ejecutivos de grandes empresas energéticas escandinavas, personajes como Petter Skogar, presidente de KFO, la asociación de empleadores más grande de Suecia, una especie de mega ETT que aglutina a cerca de cuatro mil empresas y 135.000 empleados, gestiona seguros privados y se ocupa de la firma de convenios colectivos; Catharina Nystedt Ringborg, miembro de la firma de capital riesgo Sustainable Energy Angels y exvicepresidenta de la corporación multinacional energética suizo-sueca ABB o Anders Wijkman, expresidente del Club de Roma.

Pero volvamos a la puesta de largo de Thunberg ante la opinión pública. Ocurrió, como ya hemos adelantado, en la COP24 celebrada en la ciudad polaca de Katowice en diciembre de 2018. A través de un grabación oficial manipulada (un plano cerrado que daba la impresión de una sala abarrotada) se nos mostraba a una contundente y sobria Greta en lo que parecía un discurso dirigido a un elevado número de personas. Sin embargo, al final de otro vídeo (3:16″) en el que se mostraba la misma intervención, nos encontramos a la activista ante una sala casi vacía [3] y en la que sonaban unos escasos aplausos [4]. Pero ¿Qué objeto podía tener la alteración del vídeo oficial? Quizá la clave se encuentre, además de en la promoción de Thunberg, en el número de asistentes a la COP24: veintidós mil. A este número hay que sumarle otros seis mil asistentes que acudieron como voluntarios y trabajadores. Es decir, unas veintiocho mil personas acreditadas y la pobre Greta hablando para todos los medios pero para unos muy escasos asistentes. No es de extrañar. Las cumbres del clima son de todo (“show, business and money”) menos preocupación por el medio ambiente.

A estas reuniones, y a otro tipo de eventos parecidos, la mayoría de participantes acude en avión pese a que el transporte aéreo es responsable de gran parte de las emisiones mundiales de CO2. El gobierno polaco calculó que la COP de 2018 generó alrededor de cinco mil toneladas de este gas.

Estas cumbres, que podrían sustanciarse mediante conferencias sectoriales realizadas por internet, no ofrecen, sin embargo, ningún tipo de respuesta cierta a la lucha contra el cambio climático y suelen acabar en discursos políticos manidos, coloridas danzas tribales, y frases rimbombantes carentes de contenido. Por no hablar de la absoluta ausencia de propuestas basadas en el método científico. Es decir: todo mero espectáculo y negocio a costa, como siempre, de lo público. En Katowice los asistententes a la COP pertenecientes a las delegaciones financiadas por Naciones Unidas tenían derecho a la devolución de los gastos de viaje, alojamiento, etc.. Además recibían dietas diarias, como el resto de participantes. Incluso los polacos no residentes en Varsovia y Alta Silesia tenían derecho al cobro de las mismas, unos ciento setenta euros diarios. Multiplique usted por doce días de “congreso” y por el número de asistentes… En fin, un calvario eso de ser activista.

Sigamos con el negocio, la incoherencia y, en muchos casos, la contradicción. La COP 25 celebrada en Madrid y que ha tenido como principal atractivo a la activista Greta Thunberg, ha excedido con creces lo gastado en Katowice. El importe de la “reunión climática” ha sido muy superior a los cincuenta millones de euros (según fuentes gubernamentales). Para poner esta cifra en contexto: el sueldo medio de los científicos que realizan, en el marco de un doctorado, una investigación para el el CSIC [5] u otros organismos similares, oscila entre los cuatrocientos [6] y los mil doscientos euros netos mensuales, dependiendo del tipo de financiación y de la comunidad autónoma donde se realicen [7]. Debido a las decimonónicas y obsoletas restricciones que, desde las distintas administraciones se han aplicado a la investigación, se da el caso de que algunos científicos españoles deban usar el dinero de las dietas, destinadas a sufragar los gastos producidos por la participación en ponencias o congresos, en costear el material administrativo necesario para su día a día: fotocopias, tinta de impresoras, etcétera. Por el contrario, el derroche en el activismo ecocapitalista no tiene límites y goza de muy buenos sponsors. Sirva como ejemplo el yate de tres millones de euros que la automovilística BMW, el super elitista Yacht Club de Mónaco y la banca suiza pusieron a disposición de Thunberg para que esta compareciera en la cumbre de la ONU [8].

Putin a Greta Thunberg: «Ve y di a los países en desarrollo que deben seguir siendo pobres» (El Mundo). Para el presidente de Rusia, la activista «es una adolescente mal informada» y «utilizada por adultos».

Pero volvamos a la reunión de los países firmantes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el clima 2019 y a sus contradicciones. Esta generará más de cinco mil toneladas de CO2. Lo sabemos porque, tal y como hemos visto, esa fue la cantidad que echó a la atmósfera la COP24 y la cumbre de Madrid recibió a diez mil asistentes más que la anterior (treinta mil en total) sin haberse tomado ninguna medida efectiva con respecto a este tipo de emisiones. Eso sí, según la ministra de transición ecológica, Teresa Ribera, se captaron entre diez y doce millones de euros a través del patrocinio de empresas como Acciona, Endesa, Engie e Iberdrola. Todo un éxito.

A la ministra de transición ecológica parece no chirriarle que Endesa e Iberdrola ostenten el dudoso honor de encontrarse entre las diez empresas que más contribuyen al calentamiento global en España. De hecho Endesa se lleva la palma con un total de 30.237.175 toneladas en emisiones de CO2 al año, el 10% del total que se arroja a la atmósfera durante este periodo de tiempo [9]. Otro dato: el 25% de las emisiones de este compuesto son producidas por la grandes compañías eléctricas [10] pero, curiosamente la mayoría de medidas que se ofrecen como panacea para reducir el calentamiento global van orientadas al consumidor (trabajador) y no a las compañías multinacionales. ¿Qué se espera, entonces, de las administraciones públicas y las grandes empresas? Veamos lo que, por ejemplo, exige Greenpeace:

En esta COP25 los estados deben cerrar el libro de reglas del Acuerdo de París para sentar unas bases claras de qué y cómo harán para cumplir sus compromisos de no superar 1,5 ºC el aumento de temperaturas globales y de alcanzar un balance neto cero de las emisiones de gases de efecto invernadero en la segunda segunda mitad del siglo”.

Ya tenemos la primera expectativa de Greenpeace: cerrar las bases del Acuerdo de París, un acuerdo que se concreta en los siguientes objetivos: «mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a esos mismos niveles, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático; aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, de un modo que no comprometa la producción de alimentos y elevar las corrientes financieras a un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero». Es decir, se alcanza el compromiso de controlar la temperatura del planeta aunque no se tenga ni idea de cómo hacerlo y se habla de resiliencia (la adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o una situación adversa) pese a que se carezca de cualquier estrategia científica para llevar a cabo esta adaptación. Y como la palabra resiliencia les ha parecido chic, los memos de la ONU la utilizan, también, para «elevar las corrientes financieras a un nivel compatible» con su pedantería. En esta ocasión hace bien Greenpeace en pedir que se concrete cómo se va a controlar la temperatura del planeta.

Los estados deben terminar esta cumbre mostrando un claro compromiso de que aumentarán su ambición climática, ¡puesto que con los compromisos actuales llegaríamos hasta a 3 ºC de aumento de las temperaturas globales a final de este siglo!”.

A partir de este segundo párrafo todo se disuelve en frases hechas: se solicita “un claro compromiso” para aumentar “la ambición climática”. Es decir, exigimos la nada, la promesa de un político. Y con eso nos conformamos. Esas son nuestras expectativas.

El papel de los estados que son más vulnerables a los impactos del cambio climático será clave para empujar a los estados más industrializados y con más recursos. Estos últimos tienen que aumentar su ambición y garantizar financiación para hacer frente a las pérdidas y daños derivados del cambio climático”.

Continuamos con la vacuidad y las abstracciones: ambición, seguimos incidiendo en la ambición. ¿Qué será lo próximo? ¿voluntad, valentía, responsabilidad…?

Necesitamos voluntad y valentía de todos los estados para afrontar esta crisis. Todos deben asumir su responsabilidad y las soluciones necesarias para acelerar la transición energética hacia un modelo renovable, además de conservar y restaurar ecosistemas indispensables como, por ejemplo, la selva amazónica. Países como Estados Unidos, Arabia Saudí o Brasil no pueden bloquear las negociaciones”.

Y, para terminar…

Europa, por su parte, tiene que aumentar el compromiso de reducción de emisiones si quiere mostrarse como un líder climático a nivel internacional que pueda motivar a países como China e India”.

Compromiso, por supuesto. Para terminar más compromiso, motivar a los chinos (¿quizá con un poco de Qi Gong?) y la asistencia a una manifa en Madrid (no es broma) para “pedir acción urgente contra la emergencia climática”. Este es un texto copiado, literalmente, de la página de Greenpeace.

Y, aunque parezca una broma, desgraciadamente no lo es. Lo que hoy entendemos por activismo es una herramienta utilizada para neutralizar la militancia sustituyendola por una serie de artificios bastante ridículos (performances, bailes tribales y otros aquelarres) desprovistos de cualquier componente ideológico real. Y así, se puede ser antifascista (como Greta) y a la vez capitalista (como Greta también); o recibir dinero de los Rockefeller mientras se manifiesta uno contra los intereses de determinadas petroleras (no de todas). Estos ecocapitalistas financiados, colaboradores necesarios del circo climático, no pueden abrir la boca para denunciar, por ejemplo, que la ministra de transición ecológica y la propia ONU aceptan donaciones de las empresas más contaminantes del planeta para sus “performances”. Y mientras esto ocurre, se margina, a través de la falta de medios, a la única comunidad que de verdad puede hacer algo para mitigar el cambio climático: la científica. Pero no crean que esto no tiene sentido. Lo tiene.

Porque, si no es difícil intuir a quién beneficia toda esta “estrategia verde”, tampoco lo es desvelar el porqué o el cómo se saca rédito de ella. La clave está en el mercado y en el valor que la escasez de recursos naturales otorga a los mismos, lo que provoca un encarecimiento del producto para el consumidor final mientras aumenta el beneficio empresarial. Mientras tanto, desde el sector privado se opera para desregular los sectores más próximos a la explotación de recursos energéticos al tiempo que se presiona a los Estados para, a través de entidades con formato de OSAL (organización sin ánimo de lucro) recaudar financiación pública destinada a mejorar la gobernanza de los países sobre sus recursos naturales. Pero esa gobernanza poco tiene que ver con el “buen gobierno”. Al contrario , el término se usa desde la década de 1990 para designar la “buena orientación” en las intervenciones de los Estados, es decir, para marcar cuál debe ser su orientación. Así, por ejemplo, el Instituto de Gobernanza de los Recursos Naturales, una OSAL centrada en “la gobernanza” de los recursos petrolíferos , gasísticos y minerales, pretende recaudar alrededor de 100.000 millones de dólares de las arcas públicas de la mayoría de Estados para, entre otras iniciativas, acaparar más tierras arboladas que permitan la elaboración de biomasa o el hallazgo de nuevos yacimientos. Porque no se pretende que ahorremos energía, se pretende que consumamos, también, otras energías y que a nuestros hábitos de consumo añadamos nuevos productos verdes, en teoría más sostenibles y seguro que más rentables. Se trata de que los países “en vías de desarrollo” continúen siéndolo durante mucho tiempo ralentizando sus procesos de industrialización. Así, mientras, se elimina la competencia y se continúa accediendo a unas materias primas imprescindibles para el consumo en los “países del primer mundo” se ignora a los 1.400 millones de personas que viven en la pobreza. Y, para eso, para generar una cortina de ignorancia sobre el sistema que crea toda esta miseria en el mundo, este tipo de organizaciones privadas, teóricamente verdes, prestan una magnífica coartada. Pero ¿de dónde o de quién obtienen la legitimidad estas entidades para interferir en las políticas medioambientales y energéticas de la mayoría de países? Esa sería una buena pregunta para que la contestaran nuestros próceres.

NOTAS:


1- No existe ninguna referencia a las actividades de esta asociación a partir de 2011, o al menos eso se trasluce tras consultar su página web: climatejusticenow.org que, hace unos meses, se ha traducido al español.

En su anterior versión solo se recogía actividad hasta 2009 y, si se fijan, desde esta fecha prácticamente es un mero repositorio de noticias. Sin embargo  a partir del 30 de mayo de 2017 y coincidiendo con la irrupción de Greta, esta asociación crea una página de Facebook donde mantiene una constante actividad.

2 – Ingmar Rentzhog gestionó importantes fondos de inversión a través Laika Consulting y el gigante inmobiliario Svenska Bostadsfonden. En un movimiento especulativo transnacional, este fondo, realizó una retirada masiva de capitales de empresas de combustibles fósiles. En su cartera de clientes encontramos, entre otros, al multimillonario Gustav Stenbeck que se define como “capitalista curioso y ecologista innato”.

Fuente : The Sunday Times.

3 – Pueden ustedes acceder a las mencionadas imágenes en el canal de You tube Connect4Climate: “Greta Thunberg full speech at UN Climate Change COP24 Conference” o a través del siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=VFkQSGyeCWg (Actualización: se ha reducido, aun más,  el final del vídeo) 

4 – Tan solo un año después , en la COP 25 celebrada en Madrid, Greta Thunberg se ha convertido en todo un “fenomeno mediatico”.

5 – CSIC: Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Agencia estatal adscrita al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Según el citado Ministerio, su objetivo es desarrollar y promover investigaciones en beneficio del progreso científico y tecnológico.

6 – Si el contrato o beca se establece para media jornada (otra cosa es que esta se cumpla)

7 – El Gobierno Sánchez dio un tímido paso para acabar con el limbo legal que sufre este colectivo al aprobar el Estatuto del personal investigador (17/01/2019). Pese a ello, esta norma establece un salario mínimo para los doctorandos de 16.422 € brutos anuales, es decir, unos 1200 € netos al mes (en 12 pagas). Según el Instituto Nacional de Estadística, en España había 66.000 doctorandos en el período 2016-2017. Sin embargo el Ministerio de Ciencia calcula que solo unos 15.000 de ellos “gozaban” de algún tipo de contrato. Los beneficiarios de ayudas de fundaciones (como la Valhondo, de la Universidad de Extremadura) percibían unos 880 euros netos al mes (fuente: El País). Sin embargo, los doctorandos no son “simples estudiantes” sino trabajadores altamente cualificados que, en ocasiones , realizan jornadas laborales de 11 ó 12 horas en investigaciones que redundan en beneficio de la sociedad.

8 – Greta tuvo que repetir el viaje, esta vez de Nueva York a Lisboa, cuando la COP 25 se trasladó a Madrid. En esta ocasión y ante el aluvión de críticas recibidas, la activista realizó la travesía en catamarán.

9 – Según el laboratorio de sostenibilidad. Cifras recogidas durante 2018

10 – Sin embargo se incentiva el uso del coche eléctrico

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