¿Cáncer? No me sea macarra y muérase usted friendly

La sociedad occidental vive anclada en la negación de la realidad. Vive enferma de estupidez crónica, víctima de lo políticamente correcto. Oculta que la existencia no sólo supone confort y «felicidad para el rebaño» sino, también, enfermedad, dolor y muerte. Tanto es así que, los adalides de la indigencia intelectual han comenzado una campaña lenta, pero constante, para hacer desaparecer del lenguaje términos que puedan recordar al sufrimiento o la muerte. En esta nueva «ofensiva» del “pensamiento Alicia” participa, muy activamente, el periódico “El País” aleccionándonos, desde su altura moral auto concedida, con titulares tan taxativos y «pontificantes» como el siguiente : «Por qué es un error llamar guerra al cáncer y héroe a quien se cura». Y ustedes se preguntaran: sí, ¿por qué es un error? No se preocupen; la “periodista” que firma el artículo lo aclara, desde su púlpito de la modernidad y desgranando perlas como ésta: «Quienes no superan la enfermedad, ¿es que no han luchado suficiente, no han estado a la altura en el campo de batalla?» ¿Además de canceroso perdedor, vencido? ¡Qué horror! (esto último es mío). En fin que, para que esto del cáncer sea más friendly, se nos propone : “limitar la palabra cáncer en el vocabulario de los médicos, y reservarla para los casos más graves… se puede sustituir por expresiones como «microtumor» o «células anormales». Es decir, mintamos al enfermo y tratémoslo como si tuviera la edad mental de un niño de cinco años. Otra vez el intento de sustituir la realidad por el relato.

El principal argumento de este «opúsculo» firmado, sin pudor, por Verónica Palomo, ni siquiera es nuevo. Rescata un pasaje (el que le conviene) de «Las Enfermedades y sus Metáforas» un ensayo de Susan Sontag (intelectual atea, norteamericana fallecida de Leucemia y síndrome mielodisplásico) que, publicado a principios de los 80, abarca aspectos mucho más complejos e incisivos que los, únicamente, recogidos por ese periódico. Un ensayo que, por otra parte, no deja de ser una opinión, tan autorizada como la de cualquier otro enfermo de cáncer. Se citan además, como fuentes de toda solvencia, a «algunas asociaciones», revistas especializadas en medicina, un par de psicólogos y, creo recordar, una lingüista. Un desbordante trabajo de investigación para concluir que, menos hablarle en términos bélicos (sólo apropiados para macarras) al enfermo de cáncer se le puede decir casi cualquier cosa : «hay que intentar descubrir cuáles son las metáforas de cada paciente, porque las generalizadas no funcionan”. ¡Menos oncólogos y más literatos!

Y, por supuesto, eso de mantener una actitud positiva ¡Prohibidísimo! que lo “normal es tener emociones negativas y hay que ser capaces de recogerlas”. De superarlas no, de recogerlas. Y, además, cuanto más llore el enfermito menos mea. Todo son ventajas.

Lamentablemente, a la “periodista” parece preocuparle poco la opinión de los oncólogos sobre la depresión en pacientes de cáncer o la actitud de los muchos afectados que coincidimos en las salas de espera de Quimio o Radioterapia y que hablamos de «luchar», de «no rendirnos» o de «batalla» porque son símiles o metáforas apropiadas a nuestro estado. Tenemos todo el derecho del mundo a hacerlo, y los médicos y profesionales de la comunicación también. Pero la tendencia es otra porque la pretensión es distinta: si no se puede ocultar la enfermedad, dulcifiquemosla. Lo han conseguido, por ejemplo con el cáncer de mama al que llaman «rosa» basándose en un manido “rol de género” que, sin embargo, no parece soliviantar a muchas feministas: las niñas rosa, los niños… ¡Azul!, ahora al cáncer de próstata deberíamos llamarlo azul. Y… ¿Qué color le ponemos al de cáncer de Huevos? ¿Blanco o amarillo? ¿Puede haber mayor estupidez?

La enfermedad, el sufrimiento y la muerte son partes consustanciales de la vida y, haríamos todos bien en transmitirlo con la dureza, la franqueza y ,por qué no, también con la belleza que implica. Hablar del cáncer como guerra o batalla no es hablar de vencedores o vencidos, de triunfadores o perdedores. Eso queda para los necios. Cuando hablamos en términos “bélicos” expresamos nuestras alternativas, que no son muchas: o te curas o te mueres. O en algunos casos sobrevives ligado a estrictos controles y medicación. Decir que, para los que no sobreviven «no es justo» resulta de una estulticia intelectual insultante. Es, una vez más, intentar ocultar la muerte que pasa a un segundo plano porque «lo jodido es ser un perdedor o un vencido». Como si, una vez muerto, al menda le resultase relevante la opinión de cualquiera. Como si la muerte fuera justa. Como si la vida lo fuera.

Hay «cicatrices de guerra» menos bestias. Esta es la mía (batalla contra el cáncer de pulmón)

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