Religiones, agnosticismo y superchería I

MONOTEÍSMOS

I

Si analizamos los tres grandes monoteísmos encontraremos la proyección que sus creadores, atendiendo a sus prejuicios y necesidades, hacen de dios. Así, el de Yisra’el es guerrero, vengativo, colérico, aniquilador… Tótem del clan que se encuentra en permanente enfrentamiento con las tribus vecinas y del pueblo elegido frente a los gentiles; dios excluyente que no quiere conversos sino mantener la pureza de los hijos de Jacob. Numen de los nómadas que quieren dejar de serlo en una nueva tierra prometida, la deidad del Éxodo y de la muerte de todos los primogénitos de Egipto; la del Levítico, la de sus normas. En definitiva: Yahveh, un dios terrible.

II

El Islam se concibió para lograr el sometimiento de los distintos pueblos politeístas que convivían en la península arábiga. Para ello se necesitaba un decreto religioso, la Yihad, que justificara la guerra para extender la «Ley de Dios». Al contrario que el judaísmo, el Islam es proselitista y busca crecer, subyugar a su fe a los no creyentes porque nació como una religión de conquista. El Islam es expansivo y no duda en emplear la fuerza para serlo, por lo tanto, también es terrible.

III

El cristianismo nació como una religión de esclavos. Fueron estos los que en la antigua Roma, y por la gracia de un sacerdote llamado Marción*, se apartaron de la tradición hebraica y modelaron al dios de la debilidad: bienaventurados los mansos, los pobres de espíritu, los que lloran, los perseguidos, los injuriados… Bienaventurados nosotros, los esclavos. Sin embargo, la religión de los pobres pronto volvió al redil del judaísmo y lo hizo por razones de Estado, porque a medida que el mundo romano se cristianizó se corrompió el Imperio: degeneró.

No es casualidad que durante el gobierno de Teodosio el grande, último emperador de todo el mundo romano, San Jerónimo* incorporara a la Biblia los textos hebreos. El cristianismo volvía así a sus orígenes judíos y la religión de los esclavos se convertía en la de los amos, la de los Estados. Justificaba la conquista, la destrucción, la rapiña y el asesinato en nombre de dios.

IV

Por tanto, los tres grandes monoteísmos comparten, además de un mismo libro*, los mismos valores. Para ellos solo existe un Dios y solo, cada uno de ellos, es capáz de interpretar su ideńtica voluntad: manipular al hombre, controlar al hombre, atentar contra el hombre. En lo personal comparten el odio a lo terrenal incluido el propio cuerpo: comparten el desprecio a la sexualidad, a la inteligencia, a la voluntad, al pensamiento crítico. En lo social coinciden en la intolerancia, el rechazo al otro, el colonialismo, la guerra, la misoginia. Todos exigen obediencia ciega, fe, sumisión, castidad, virginidad. Castración.

* (1) Marción de Sinope (Ponto, Roma ) vivió entre los años 85 y 161 de nuestra era. Fue un teólogo heresiarca cristiano fundador de la secta marcionita que postulaba la existencia de un verdadero Dios revelado por Jesús, al cual se oponía un ser inferior: el dios de los judíos cuya Ley era contraria a lo revelado por el evangelio de Lucas (el único que aceptaba).

*(2) San Jerónimo, “Padre de la Iglesia”, reunió los libros de la Biblia con los hebreos en el Concilio de Roma del año 382.

*(3) ​ Los tres monoteísmos comparten textos sagrados. El Antiguo Testamento cristiano es el Tanaj judío ( Torá, Neviim y Ketuvim ; Ley, Profetas y Escritos). En el Islam el Arcángel Gabriel es venerado como el Ángel de la Revelación. Para los musulmanes los libros revelados, además del Corán, son: La Torá revelada a Moisés, los Salmos revelados al rey David y el Evangelio de Jesús.