Obituario (I)

TRÍADA

Un instante

Para Carmen

Escribo, luego vivo,
de momento;
que es mejor un aliento
a cientos de suspiros,
y un instante contigo
a mil eternidades

No necesito estar
para ser tuyo,
ni necesito ser
para quererte;
no necesito vida
para amarte,
pues ya tuve un instante

Vida

Para Galo Adrián

Fue con nuestro deseo, voluntad
o locura
como te hicimos cuerpo,
y vísceras, y sangre

Te amamos con barbarie

Te dimos carne y huesos

Y, como recompensa,
tú nos has dado un dios

Amor

Sí, la vida es un puente
y no una meta,
un hermoso camino
de tránsito y ocaso
que amo andar con vosotros,
hasta el fin
de mis días

Pues, cuando aquellos lleguen,
violentos o mansos,
cuándo no quede nada
más que nada habré sido

Ganas de rezar

“Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo”.

Lucas 24:50-52 

«Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras»

Corintios 15:4

El catolicismo resulta una religión descaradamente materialista. El católico goza de un dios encarnado, corpóreo, material: el Cristo. Un dios que además de ofrecernos una vida inmortal  lo hace en un cuerpo resucitado. Dentro del amplio abanico de religiones y su variopinta oferta… ¿Hay alguien que de más?

Cuerpo y sangre, pan y vino ¿Qué mayor alabanza, qué mayor sacralización de la materia que la transubstanciación? dios ingerido por miles de practicantes del canibalismo místico.

Divinidad presa en su propio cuerpo; Cristo, encarnado y parido por una madre virgen que ascendió a “los cielos” en cuerpo y alma. Carne resucitada, materia. 

Dan ganas de ponerse a rezar            

Activismo semántico

«Puede usted sentirse un oso, pero no me llame fóbico si pienso que no lo es» (Frase atribuida a Vladímir Putin)

Llamamos activismo semántico a la necesidad, casi patológica, de comunicar vacuidades mediante la invención de palabras o la adición de morfemas a algunas preexistentes. Para que me entiendan, un activista semántico utilizará palabras como:  postespacialidad, hipercontemporaneidad, multivocalidad, plurinacionalidad, heterosexismo, sororidad, identitarismo-autodesignado, cisexualidad, poliamorosidad, heteronormatividad, transanimalismo, zoosexualidad, etcétera, etcétera, etcétera; términos que, en ocasiones, reivindican un pretendido «derecho inalienable de los idiotas» a que la sociedad adopte sus paranoias como realidad.

Expresado en su idioma: «esta interaccionalidad lingüístico-estructural se circunscontextualiza en personas contra-heteronormativas (binarias o no) y con capacidades cognitivas distintas a las sociorreguladas por el canon heteropatriarcal, ya que deconstruye su primigenia concepción ideológica hasta alcanzar un postmarxismo inclusivo, multicultural y de género desde una perspectiva de significantes establecida por un laclaumouffeismo direccionado a la hegemonía ecopacifista».

En español, opresor pero entendible: el activismo semántico es un atentado contra la lengua perpetrado por sujetos y sujetas de distinto pelaje, ralea y condición (pero de una debilidad mental fuera de toda duda) que confunden “ser de izquierdas” con la estupidez de lo políticamente correcto o el considerarse “dialogantes y pacíficos”. 

Ya lo anticipó Gustavo Bueno:  “habría que quitar a Lenin de la izquierda y poner al Papa”.

Por eso, este activismo semántico, ligado siempre a mierdas culturales e identitarias, resulta imprescindible si lo que se pretende es el ingreso en el círculo social de esos bípedos exquisitos y reivindicativos que luchan contra la apropiación cultural mientras se inflan a Sushi. Sushi que, por cierto, les acaba de traer un “rider”, esclavo de una multinacional y que, en esta ocasión, resulta ser negro. Y aquí sí, aquí saltan indignados, y llaman a la empresa de reparto elevando su más enérgica protesta porque no están dispuestos a colaborar con la perpetuación de ese asimilacionismo cultural que obliga a un miembro de una minoría étnica a adoptar el idioma, los valores, las normas y las señas de identidad de una cultura dominante, fascista y opresora como la española. ¡Faltaría más! ¡Menudo atentado contra la convivencia y la diversidad inter o multicultural! 

El próximo esclavo mándenlo blanco, gracias 

Escoja usted verdugo, por favor

“Lo más siniestro de la democracia es que permite elegir, supuestamente de forma libre, a los presuntos verdugos que pueden gestionar una catástrofe”                         

Jesús G. Maestro

La democracia, «nuestro sistema de gobierno», esa que algunos ya hemos asumido como cadáver, se sostiene únicamente en tres pilares : el mercado, el miedo y la oclocracia de partido.

La ilusión de soberanía, de «libre albedrío» en nuestras decisiones, es una engañosa «libertad de adquisición» de los distintos bienes y servicios que ofrece el mercado. A no ser que sea usted pobre, claro. Porque entonces no dispondrá siquiera de esa ilusión y, a la hora de tener, lo único que tendrá será miedo. Miedo a no poder alcanzar aquellos productos que, por esenciales, resultan imprescindibles para mantener un modelo aceptable de subsistencia.

Pero existe, además, una tercera persona que completa esa trinidad sistémica dedicada a pastorear a las masas: la oclocracia de partido. Esta última encarnación resulta de gran ayuda, por consoladora; no podrá usted comer pero estará en disposición de escoger a un memo, el que un partido político, ese al que usted vota, haya elegido para apacentarle.

Así que ¡Enhorabuena! Y escoja usted verdugo, por favor.