De huesos, gusanos y átomos

Religiones, agnosticismo y superchería II

Pero no solo los monoteísmos son nocivos. El budismo, por ejemplo, también los es. Sustentado en un aura mística y en ese buenismo idiota, tan de moda en esto que llamamos occidente, solo sirve a la pretensión de inmortalidad, a un último intento de huir de la extinción. Lo que atrae al anglosajón o al hispanohablante del budismo no es el Nirvana (la dilución en el todo, la nada a fin de cuentas) sino el Samsara, la reencarnación, la supervivencia que siempre, y en función del buen Karma, se pretende mejor. Es un especie de «evolucionismo espiritual» , un infantilismo religioso que se revela una doctrina con futuro, sobre en los caracteres propensos a posponerlo todo a mañana: «será en otra vida». Pero no, no será nada más allá de huesos, gusanos y, con el tiempo, átomos.

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