Ateísmos III

IV

¿Sería posible la existencia del vacío absoluto sin la ausencia total de materia? La pregunta parece absurda pero no lo es porque solo cabe una respuesta negativa. Y, si trasladamos la pregunta al ámbito teológico… ¿Qué ocurre?. ¿Puede ser Dios perfecto, omnipresente, omnisciente e infinito y al mismo tiempo haber algo que lo exceda? No. ¿Y qué es entonces la materia o el propio ser humano que, además, dispone de libre albedrío? Observamos que los conceptos que definen a Dios son contrapuestos y contradictorios, como el vacío absoluto sin la ausencia total de materia. Luego no solo se puede negar la existencia de Dios sino que se debe negar su propia esencia: la propia idea de Dios es absurda. A esto llamamos ateísmo esencial.

V

Raza de Caín , sube al cielo y … ¡Arroja a Dios sobre la tierra! Baudelaire 

Demostrar la no existencia de Dios, de las deidades, resulta tan posible como asegurar que en la despensa de mi casa (de tan solo un metro cuadrado) y situada en un quinto piso, no hay un elefante de cuatro toneladas. Puedo afirmarlo. Y puedo hacerlo sin abrir la puerta de la despensa, sin ni siquiera estar en casa. Podría hacerlo, incluso desde otro país. Y no erraría. De la misma forma puedo afirmar que el trueno es el sonido de la onda de choque causada por el rayo, un fenómeno natural que nada tiene que ver con Thor, que la hostia es oblea y no carne, y que el vino de la eucaristía no contiene sangre sino alcohol. Se que la al-Hayar-ul-Aswad (la piedra negra de la Kaaba) jamás estuvo en el paraíso y que en el Olimpo no hay dioses, porque nadie que lo haya escalado los ha visto. Y así, uno a uno (como apunta Mauricio Schwarz) puedo despojar a cada dios de sus atributos, de aquello que los convierte a los ojos del creyente en seres preternaturales, puedo, como rezan los versos del poeta, arrojar a Dios sobre la tierra.  

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Existencia y transcendencia II

II

Al ateo se le recrimina su falta de capacidad para dotar de sentido a la vida de la misma forma que al creyente se le tolera un total infantilismo a la hora de responder a las grandes preguntas. “Los designios de Dios son inescrutables”- .Dicen.

¡Ah, la religión ! ¡Qué gran píldora contra el pensamiento crítico! Porque, sí los deseos de Dios son inescrutables ¿Quién nos asegura que este tenga un plan para nosotros? Y, si no lo tiene ¿Para qué lo necesitamos?

III

Entonces… ¿Nuestra existencia tiene sentido sin un ser superior, sin un más allá?. ¿Y con él, la tiene? ¡Qué más da! La vida no necesita un sentido. El gato no medita sobre “el sentido de su vida” y no lo hace porque solo es un gato. He ahí la respuesta: el problema no es la vida, su sentido o la ausencia de un “más allá”. El problema es el hombre y la absurda necesidad de que su conciencia perviva.

IV

Preguntas ¿A dónde vamos después de la muerte? Allí donde estuvimos antes de nacer. ¿Lo recuerda usted? ¡Exacto! Somos un tránsito en la nada, un puente entre dos vacíos, un amanecer, un ocaso… Y no, nada hay de terrible en ello pues es durante la vida, y no después de ésta, cuando alcanzamos la transcendencia. ¿Y el alma, pervive? No, ya que sin ella nacemos aunque muchos quieran imaginarla. Es ésta una entelequia fruto de la abstracción, de nuestra mente, de la imaginación. Por eso los animales no la tienen, porque no han sido capaces de inventarla.

Así pues la vida es una recompensa en sí misma, y lo es ya que no hay un sentido exterior a ella; buscarlo es degradarla y, para nosotros, un ejemplo de lo malo, de lo perverso, de lo decadente. Ese fraudulento sentido de la existencia supone la obediencia, la sumisión a principios religiosos o morales; la esclavitud. Ese desprecio a la vida es, para el ateo, un “pecado”.

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El discurso de Abascal

Santiago se preparó un vaso de leche antes de ir a dormir. “Mañana intervendré en el congreso – se dijo – y debo estar descansado”. Le gustaba el discurso que había escrito y estaba absolutamente convencido de que, a sus votantes, también les gustaría. Era lo que esperaban: nada de hablar de economía y sí de valores, de esos principios que el marxismo cultural estaba socavando para convertir a la sociedad en una masa informe, sin raíces. Porque eso era lo que se pretendía, no le cabía duda: la destrucción nacional a través de una globalización desaforada que introducía políticas de identidad de género y un multiculturalismo pernicioso (en el que la mayoría se supedita a las minorías). Eso sin  mencionar al hembrismo cruel y desatado, que pretendía sustituir la lógica igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, por una guerra abierta entre sexos. Lo dicho “marxismo cultural”. A su gente le iba a encantar.

Abascal se acostó pero, antes de que Morfeo le venciera, repasó, mentalmente, el final de su discurso. Era bueno, muy bueno: “Señorías, llegará un día en que la sociedad abandonará esta pesadilla. Este es mi mayor deseo. Porque somos muchos los que queremos despertar de este mal sueño. Y sí, estoy convencido, un día despertaré para encontrarme en un país donde la unidad nacional no se cuestione, donde las políticas identitarias no tengan cabida, donde los “Lobbys” LGTBI no nos impongan su forma de entender la sociedad, donde las fronteras nacionales ( y esto nada tiene que ver con el racismo) sean respetadas en su integridad. Despertaré en una nación en la que se hable de pluralidad y no de multiculturalidad, una nación donde la familia siga siendo importante, donde nadie se atreva a vulnerar las leyes del Estado y se respete a sus fuerzas de orden, una nación donde impere el civismo, donde hombres y mujeres trabajen juntos, en una igualdad real, y no enfrentados. Sí señorías, sí. ¡Quiero despertar en un país así! …” 

El sopor le venció y, paradójicamente, Abascal se quedó profundamente dormido mientras deseaba, con un fervor casi místico, que el grueso de su discurso se cumpliera: “¡Ojalá ocurra mañana!” – pensó. 

El reloj no le despertó, fue la luz quien lo hizo. Una luz intensa, cálida, caribeña. ¿Qué estaba pasando? ¿qué era aquello?. 

Si es usted religioso pensará que lo ocurrido fue un milagro. Yo, que no lo soy, lo llamo singularidad espacial e inexplicable; pero lo cierto es que nadie pudo comprender lo que pasó a partir de entonces aunque, durante meses, el “caso Abascal” se convirtiera en un controvertido tema de debate. Incluso Iker Jiménez le dedicó al asunto un monográfico especial de doce horas. Y es que, aquel extraño día, Santiago despertó en un país que cumplía (¡Por fin!) todos y cada uno de los deseos que había recogido en su discurso : “Buenos días, compañero” – le susurró, aquella mañana, una voz al oído  – “¡Bienvenido a Cuba”.        

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Nacionalismo castrante

No es nada nuevo: los nacionalistas españoles (es decir los separatistas gallegos, catalanes y vascos) pertenecen a un ámbito superior de seres humanos. Son individuos dotados de una especial sensibilidad hacia el diálogo, el respeto y la cultura. Sí, sobre todo la cultura. Por eso resulta un tanto desconcertante observar como, tan excelsos personajes, defienden vehementemente ideas castrantes para sus respectivas regiones. 

Baste observar, por ejemplo, el recurrente uso que del término «nación sin Estado» (ese territorio habitado por individuos que comparten origen, lengua, costumbres, tradiciones y cultura) hacen los nacionalistas. Un concepto bastante despectivo, si lo aplicamos a una comunidad autónoma española porque no difiere, cuanto apenas, de las definiciones de etnia o tribu*(1). La nación como comunidad lingüística, cultural y racial. Todo de un progresismo que apabulla; tanto que da miedo.     

Pueden encontrar ésta, y otras lindezas parecidas, en la cuenta de Twitter https://twitter.com/hour_true

Si hablamos de la cultura, el nivel de desarrollo que alcanza una sociedad en educación,  ciencia, literatura, arte, filosofía, moral, etcétera, la actitud de estos paladines de patria chica todavía se entiende menos: ¿Por qué privar a sus conciudadanos de su soberanía sobre el acervo cultural que suponen Teresa de Jesús,  Quevedo, Cervantes, Lope, Echegaray, Benavente, Blasco Ibañez, Margarita Nelken , Martín Gaite,  Ramón y Cajal, Severo Ochoa, De la Cierva, Torres Quevedo, Emilio Herrera, Velázquez, Goya, Picasso, Ortega, Gustavo Bueno, Maria Zambrano, y una innumerable lista de grandes mujeres y hombres que conforman el patrimonio cultural español?  ¿Cómo realizarán el “corte” cultural? ¿Renunciarán los gallegos a Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Castelao, Cunqueiro, Ballester o al propio Cela porque cultivaron la lengua del Imperio? ¿Harán lo propio los catalanes con Balmes, d’Ors, Ana María Matute, Laforet, Montalbán, Zafón o Mendoza? ¿Y Dalí, qué hacemos con el traidor de Dalí que se sentía profundamente español?

Al hilo de esto último…«Yo soy vasco, y por eso; doblemente español«*(2) decía Unamuno. Y no es de extrañar:  Juan Sebastián Elcano, Alonso de Salazar, Antonio Gaztañeta Iturribalzaga, Miguel López de Legazpi, Agustín de Iturriaga, Andrés de Urdaneta, Lorenzo de Ugalde y Orella, Blas de Lezo y Olabarrieta, Ignacio María de Álava, José Gardoqui Jarabeitia, Cosme Damián Churruca… La historia de la marinería española tiene más de ocho apellidos vascos. A estos, los defensores de la patria Eusquérica ya los han defenestrado. 

Castrar el patrimonio cultural común: despojar a la sociedad gallega, catalana y vasca de la mayoría de su cultura, despojar a la sociedad española de una parte importantísima de ella. 

Y luego no quieren que les llamen fascistas.       

¡Angelitos!

*1 Tribu: Agrupación o asociación social y política propia de pueblos primitivos e integrada por un conjunto de personas que comparten un origen, una lengua, unas costumbres y unas creencias y que obedecen a un mismo jefe.

*2 – Paisajes del Alma 

Miguel de Unamuno – Alianza editorial

+ Sobre nacionalismo : Torra y el Ku Klus Klan de la republiqueta

Ateísmos II

II

Existen muchos tipos de «ateísmos», tantos como creyentes, religiones o concepciones teístas. Porque el ateísmo dependerá, siempre, del dios que se niegue. Se es ateo, a veces, alejado de toda lógica o razón porque el descreimiento no es, tal y como muchos piensan, fruto de la modernidad sino que nace al mismo tiempo que los dioses: «nosotros confesamos que somos ateos en lo que se refiere a los dioses, pero no con respecto al más grande verdadero Dios». Son palabras de San Justino Mártir, uno de los primeros apologetas cristianos, nacido en el año 100 después de Cristo, y que supone, junto a Sócrates, un claro ejemplo del ateísmo óntico: el que niega las deidades particulares.

Únicamente cuando la idea de un solo dios ganó a los panteones antiguos, llegó el ateísmo moderno, ontológico, el que creemos poder definir aunque aún no hayamos conseguido hacerlo. Porque este moderno ateísmo nace de la contraposición a las religiones reveladas, de su negación y sí, se abrió paso entre la razón. Aunque naciera de una crisis de fe y de la teología.

III

Cuando desde el materialismo filosófico se define el ateísmo como una idea negativa se utiliza la acepción que implica la ausencia o inexistencia de algo, no aquella que implica una valoración moral. Sin embargo, no se trata sólo de etimología es, también, la reacción racional al numen, a la primitiva religión natural que estableceremos, aquí, como materialista. Visto desde una perspectiva histórica, el ateísmo será el fin de la religión porque es su evolución natural. Y si ese momento todavía no ha llegado se debe en gran medida al fanatismo de las religiones monoteístas, al uso que han hecho de éstas los Estados, y a ese agnosticismo actual que todo lo impregna en el mundo occidental y que resulta, en ocasiones, más dañino que algunas doctrinas porque continúa haciendo del hombre un esclavo del más allá.

No existe, pues, ningún término positivo para definir el ateísmo: «a-teo», «in -pío», «des-creido», «a-religioso, «in-credulo»… El propio nihilismo es denostado como una posición terrible. Y no porque rechace todos los principios religiosos y morales, sino por la interpretación que de él se hace en la cual la vida carece de significado, propósito o valor. Si definimos al Ateo como materialista inmediatamente nos forjaremos la idea del individuo dominado por el consumo y la necesidad de atesorar bienes materiales. No podemos apelar tampoco al término Humanista, envenenado por Erasmo, ni al racionalismo de Kant influenciado por siglos de escolástica. Quien domina el lenguaje domina el entendimiento. E igual que en la actualidad se intenta imponer un pensamiento único a través del lenguaje políticamente correcto, en el pasado la Iglesia y los estados jugaron la misma baza, de momento, con mayor éxito. Sin embargo el concepto de Dios, su sola mención, es lo que debería evocarnos algo terriblemente dañino. Porque Dios, los dioses, se construyen por el hombre y a la inversa del hombre. Así, si soy mortal Dios es inmortal; si fui creado Dios existió siempre, si soy la nada Dios es el todo, si soy imperfecto Dios es perfecto, omnipresente, omniescente, omnipotente… ¡Terrible! Dios es la ruptura del hombre consigo mismo. Dios es la alienación.

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