Puerto de Hierro

Fragmento del epílogo

Como imaginaran ustedes, los últimos (y apocalípticos) acontecimientos van a retrasar, aún más, la publicación de mi libro, Puerto de Hierro, que tenía previsto su lanzamiento para marzo. No obstante y ante tanta ola solidaria (y tanto activismo de aplauso y cacerola) me parece oportuno publicar un fragmento, muy corto, de su epílogo. Espero que les guste.

«No hay conjuras, complots, conspiraciones o planes ocultos. Hay necesidades de mercado y respuestas instigadas por el capitalismo. Su impunidad es tal que no necesita ocultarse. Ha sabido acabar con toda oposición anulando el pensamiento crítico. Y lo ha hecho, en muchas ocasiones, dominando el lenguaje; de facto, en España ganó una de sus más importantes batallas cuándo consiguió que llamaramos “huelga feminista” [1], a un paro promovido y respaldado por administraciones públicas y empresas.

El sistema ha sabido subyugar a la sociedad, dividiéndola en minorías enfrentadas que tienen como común denominador “la opresión”, pero no al opresor. Es este otro triunfo semántico en el que el tirano cambia a medida que lo hace la “identidad” del “oprimido, enfrentando mujer a heteropatriarcado, negro a blanco, transexual a feminista [2], emigrante a Estado, ateo a creyente, homosexual a religioso [3], etcétera, etcétera, etcétera. Divide et vinces. Nada nuevo bajo el sol. Y mientras tanto el capitalismo, único opresor cierto, se escapa de la ecuación porque ninguna izquierda lo cuestiona como sistema; solo se pretende que sea más amigable, más friendly, más cool. Es el deseo húmedo de “Buenafuentes y Bop Pops”, esos que predican y nos indican el camino a seguir para ser políticamente aceptables, mientras callan ante la política laboral de la multinacional que les contrata. Mi amigo Guillermo del Valle lo explica así:

grandes medios de comunicación privados y grandes multinacionales se paralizan cuando hay cualquier reivindicación identitaria. Algunos de los y las más progresistas del lugar, la quintacolumna de cualquier algarada, piden la cena desde su casa a Deliveroo o Glovo, que les envía un esclavo ahora llamado falso autónomo, que suele ser un varón, aunque su novia sea una kelly igual de jodida que él, o cajera en un supermercado echando horas extras sin parar, y sin cobrar ni por supuesto cotizar. Algunos de los y las más progresistas del lugar prefieren buscar el airbnb de turno, o la última ganga de la falsa economía colaborativa aunque sepan que destroza puestos de trabajo y condena a la explotación a muchos. Hombres y mujeres”.

Por eso, corporaciones tan filantrópicas como las propietarias de Facebook y Twitter invierten muchísimo dinero en que, tanto usted como yo, tengamos una sólida herramienta de protesta. Así, ante cualquier injusticia (un despido improcedente, un ERE, un desahucio o una sentencia que recorte nuestros derechos laborales) nos decimos: ¡se van a enterar! Y entramos en Facebook o en Twitter para arremeter contra la administración, el banco, la empresa o el jefe que, esa noche, no duerme. Y no porque le preocupe o le importe una higa nuestro ácido, hiriente e ingenioso tuit, sino porque se ha ido de fiesta o no tiene sueño. Pero además, si somos super activistas , como los yankis de la izquierda californiana, convocaremos una “manifa guay (pasando de sindicatos que para eso está el Whatsapp) a la que, con suerte, acudirán algunos amiguetes, dos blogueros y cuatro gatos más. Un enorme exitazo, si de lo que se trata es de acabar con la militancia sustituyendola por el “activismo”.

Y todo esto si es jueves, porque, si es lunes, tocará manifestarse contra la opresión de los pueblos vasco y catalań [4]. Da lo mismo que Cataluña y País Vasco sean regiones que gocen de las mayores cuotas de autogobierno de Europa, que sean de las más descentralizadas y ricas [5]. Hemos asumido como de “izquierdas”, el discurso burgués del independentismo, equiparando a naciones realmente oprimidas con una Cataluña que, hasta hace poco, acumulaba el 30 % del PIB nacional; o un País Vasco que sigue recibiendo un cupo extra, gracias a un “opresor español” , Cánovas del Castillo, que estableció en febrero de 1878 una forma de recaudación “provisional” (debería haber terminado en marzo de 1886) con el objeto de que, progresivamente, los ciudadanos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya contribuyeran a la hacienda pública, según sus posibilidades, al igual que lo hacía el resto de los españoles. A día de hoy todavía no se ha conseguido.

Cuando se pretende la ruptura de un Estado a través de la secesión de parte de su territorio son los derechos de todos los ciudadanos los que están en juego; es ese territorio político común de solidaridad y libertades (y no existe idea más socialista que esta, la del espacio político común) el que resulta atacado por esa fuerzas reaccionarias y tribales que, disfrazadas de izquierdismo, pretenden decidir sobre lo que es de todos amparándose en derechos feudales, otorgados por algún monarca caduco, y heredados en virtud de la raza, el nacimiento o el lugar de residencia. ¿Hay algo más retrógrado que esto?

Así es como, sin necesidad de complots, el capitalismo va sumando victorias. Con la maquinaria mediática a su servicio y una cohorte de colaboracionistas, algunos involuntarios, que sin prisa, pero sin pausa, vacían a la izquierda de contenido, enfrentan a la clase trabajadora o favorecen la quiebra de Estados procurando una seguridad social depauperada, una sanidad pública que no funciona, una Hacienda pobre, unas pensiones ridículas, un mal reparto impositivo o un gobierno títere incapaz de legislar sobre falsos autónomos, abusos patronales, etcétera.

Olvídense de conspiraciones. Porque, ante la evidencia, las conjuras masónicas quedan solo para las novelas»

[1] La huelga (exceptuando la de hambre que es un medio de reivindicación política) solo puede darse en el contexto de un conflicto laboral ya que esta supone el cese de la producción por parte de los asalariados en aras de una reivindicación circunscrita al ámbito del trabajo y no a otra cosa. La llamada “huelga feminista”, cuyos motivos no cuestiono, supuso el paro de la actividad por parte de administraciones y empresas (prácticamente un cierre patronal) y el que miles de personas dejaran momentáneamente de trabajar por circunstancias ajenas a lo laboral. Esto resultó un triunfo más del capitalismo frente al movimiento obrero ya que desprovee a este de su mejor arma de protesta, la huelga. Cuando cualquier reivindicación política o ideológica, de cualquier tipo o espectro, justa o no, equipara un paro de protesta a huelga, vacía de significado esta palabra. Como vemos, el lenguaje y su uso es fundamental a la hora de manipular a ese ente abstracto conocido como “opinión pública”.

[2] Las feministas descalificadas como TERF (trans-exclusionary radical feminist) niegan la condición de mujer a las transexuales. A esta corriente se la conoce, también, como Feminismo Crítico de Género o RadFem. Por su parte existen colectivos Trans que reniegan del feminismo.

[3] El periódico The Guardian recogió en marzo de 2019 la noticia de que la escuela comunitaria Parkfield en Saltley, Birmingham, U.K., tuvo que suspender un programa dirigido a niños de 4 a 11 años de edad titulado «No Outsiders». El taller pretendía acabar con la discriminación de homoxesuales en el entorno escolar. La negativa de los padres, la mayoría musulmanes, a que se realizara acabó imponiéndose. Esta noticia no es un caso aislado y el enfrentamiento entre identidades, minorías o distintos relatos resulta cada vez más frecuente.

[4] Los procesos separatistas se producen en función de unos inexistentes “derechos territoriales” que suelen sustentarse en privilegios medievales (forales) otorgados por una extinta monarquía absoluta. A este respecto cabe destacar que el nacionalismo es siempre la anti-izquierda. Porque la nación política nace cuando al privilegio (“el trono y el altar”) se enfrenta la nación ”unida e indivisible” de ciudadanos libres, iguales y fraternos. A este concepto de nación (que nace cuándo lo hace la izquierda y de esta) se enfrenta ese otro, retrógrado y cavernario, basado en la lengua, la cultura, el origen y la raza (nación étnica) que defienden los nacionalismos españoles: catalán, vasco, valenciano, gallego… degradando a sus respectivas regiones a la categoría de tribu.

[5] A algunos nos resulta profundamente inmoral y descorazonador considerar “oprimidas” a estas regiones españolas. Quizá porque contraponemos, frente a las siete empresas catalanas del IBEX los 7.000.000 de minas antipersona de la frontera de arena, ese muro compuesto de ocho barreras y 2.720 kilómetros perimetrales construido por Marruecos en el Sahara Occidental para cercar un territorio ocupado ilegalmente. Porque, frente a los “mártires del 1-O”, pensamos en las más de 2.500 personas heridas, mutiladas o asesinadas por los explosivos esparcidos, también en el Sahara y entendemos que no hay comparación posible. No, la dictadura marroquí no puede equipararse al Estado al que Torra y Urkullu representan, ni los políticos presos del “prusés” a los presos políticos saharauis. Porque frente a un inexistente derecho a decidir, enarbolado por separatistas catalanes y vascos, existe el derecho inalienable de la República Árabe Saharaui Democrática a recuperar su territorio, ocupado ilegalmente por Marruecos. No hay, por tanto, equiparación posible. Por eso nos resulta vergonzoso, y doloroso también, que la autodenominada izquierda española blanquee o apoye abiertamente a un nacionalismo que es puro racismo y que denigra, con su mera existencia, a los pueblos realmente oprimidos.

Torra y el Ku Klux Klan de la republiqueta

No, no tiene una tara en el ADN, desafortunadamente para él. Si la tuviera, si se pudiera argüir cualquier tipo de anomalía mental en el señor Torra, entonces sus palabras y acciones no tendrían mayor relevancia moral que la de una catástrofe natural (no se pueden pedir responsabilidades a la tormenta por provocar una inundación). Pero, no ,Torra no padece enfermedad mental alguna (al menos que sepamos) que pueda eximirle de su verbo y actos. Por eso, por su absoluto desconocimiento de la ética (acompañado de altas dosis de miseria intelectual) resulta el líder ideal para un movimiento racista*, violento, ilegítimo e inmoral como es el separatismo catalán. Y, no, no es violento sólo por los “chapuzas confesos” detenidos hace unos días en Cataluña;  es violento por la coacción que ejerce, diariamente, contra aquellos que se oponen a sus pretensiones. Es violento cuando señala comercios a los que boicotear, políticos a los que acallar, niños a los que segregar, cuándo agrede, intimida, amenaza o insulta. Es violento cuando, en base a unos supuestos derechos imaginarios, despoja del amparo de la legalidad a una gran parte de la sociedad catalana. Tan catalana como los propios independentistas. Por eso, el separatismo es también ilegítimo; porque utiliza al señor Torra (y a las herramientas de las que este  dispone como representante del Estado español en Cataluña) para coaccionar y desplazar a una parte de la sociedad, repito, tan catalana como los propios secesionistas. 

No. Torra no es un demócrata, desconoce lo que es la democracia por mucho que con ella se llene la boca. Torra y sus acólitos son puro fascismo: “si no piensas como yo te marchas de aquí que esta tierra es mía”, “si hablas, o eres, español: bestia con taras en el ADN”“¿Los andaluces? hombres inacabados…” Puro supremacismo, puro racismo, el Ku Klux Klan de la republiqueta que abraza, como miembros honorarios, al asesino Carles Sastre y a Otegi el secuestrador. 

SAN SEBASTIÁN, 14/11/2018.- Quim Torra , saluda al dirigente de EH Bildu, Arnaldo Otegi , en la conferencia, a iniciativa de Gure Esku Dago, sobre la autodeterminación. EFE/Juan Herrero.

Pero, sobre todo, el independentismo es inmoral. Que Torra y sus secuaces enarbolen un supuesto derecho de autodeterminación de Cataluña (una de las regiones con mayores competencias y autogobierno de Europa, de las más descentralizadas y más ricas) pretendiendo equiparse a naciones realmente oprimidas, como el  RASD (Sahara occidental) resulta repugnante, profundamente inmoral y descorazonador  para aquellos que nos consideramos de izquierdas. Frente a las siete empresas catalanas del IBEX: los siete millones de minas antipersona de la frontera de arena; frente a los “mártires del 1-O”:  las más de 2.500 personas heridas, mutiladas o asesinadas por los explosivos esparcidos en el Sahara desde el 75; frente a la dictadura marroquí: el Estado al que Torra representa; frente a los políticos presos del “prusés”: los presos políticos saharauis…   Bochornoso. Y vergonzoso, también, que esa panda de burguesitos “Pijo – Progres» que conforman la autodenominada izquierda española (desde Sánchez a Iglesias pasando por Garzones, Errejones y la arribista de Ada Colau) blanqueen, cuando no apoyan abiertamente, a un movimiento que es puro fascismo y que denigra, con su mera existencia, a los pueblos realmente oprimidos. 

*El racismo, en el nacionalismo catalán, viene de lejos. En 1887, Pompeyo Gener publicó Heregias . Estudios de crítica inductiva sobre asuntos españoles por P.G. (Fernando Fé, Madrid). En Heregias, Gener, aplica las doctrinas raciales a España vinculándolas a la nacionalidad y a la existencia de una «raza catalana» distinta, superior y enfrentada  a la «raza castellana» inferior y corrompida por influencias semíticas y presemíticas («los andaluces»): «En España, la población puede dividirse en dos razas. La aria (celta, grecolatina, goda) o sea del Ebro al Pirineo; y la que ocupa del Ebro al Estrecho, que, en su mayor parte, no es aria sino semita, presemita y aun mongólica [gitana] (…) Nosotros, que somos indogermánicos, de origen y de corazón, no podemos sufrir la preponderancia de tales elementos de razas inferiores».
 
A principios del siglo XX el racismo de diferentes sectores nacionalistas catalanes encuentra un referente en el nacional socialismo, tal y como se recoge en  «Nacionalismos periféricos y fascismo. Acerca de un memorándum catalanista a la Alemania Nazi (1936)» Núñez Seixas, Xosé Manoel. Historia Contemporánea (Bilbao: Universidad del País Vasco). En 1932, el dirigente del Partido Nazi, Dr. Karl Cerff, en una entrevista publicada por el periódico La Nació Catalana, órgano del Partido Nacionalista Catalán, afirmaba que «‹conoce› que los catalanes son racialmente diferentes de los españoles y define a los judíos como enemigos del nacionalismo catalán. Así en mayo de 1936, Manuel Blasi y  Baldomer Palazón, máximos representantes del «pro-fascismo» de Nosaltres Sols!, ofrecía al NSDAP los servicios de los nacionalistas catalanes y vascos a cambio de una Cataluña independiente (Seixas). 
Nosaltres Sols! defendía la superioridad racial de los catalanes, frente a los «africanos españoles», considerados «un elemento de la raza blanca en franca evolución hacia el componente racial africano semítico (árabe)». Por tanto la influencia española en Cataluña suponía un peligro de contagio del carácter «gandul y pro-africano español».  Para solventar esta situación Nosaltres Sols! (1931) publicó las «reglas de patriotismo sexual», reglas de obligado cumplimiento para «todo catalán y catalana dignos de tal nombre» «prohibiendo» el mestizaje de las razas catalana y castellana porque «dejando aparte honrosas y rarísimas excepciones, veremos que el individuo de sangre catalana-castellana es híbrido, infecundo, como no puede ser de otra manera».

1933. Ferran Soldevila, historiador: acusaba a inmigrantes andaluces y murcianos de no adaptarse a vivir en Cataluña. Murcianos, andaluces e inmigrantes llegados de Albacete eran poco menos que escoria para Soldevila, sureños de baja condición social. Que pudiesen residir libremente en Cataluña era un “escándalo que convertía en inútil la repatriación de emigrantes parados”.​ Así, Josep Antón Vandellós alertaba de “la llegada de una población que no era asimilable” (Cataluña, poble decadent -1935) porque las «hordas invasoras» murcianas no pagaban alquileres, no respetaban  contratos y practicaban el amor libre para provocar una invasión demográfica que diluyera el elemento catalán (Carles Sentís). 

Todo muy progresista (como pueden observar). 
 
1​ Martínez Hoyos, Francisco. «El discurso de la hispanofobia: racismo y xenofobia en el nacionalismo catalán».  

+ Sobre nacionalismos: Nacionalismo castrante

Nacionalismo castrante

No es nada nuevo: los nacionalistas españoles (es decir los separatistas gallegos, catalanes y vascos) pertenecen a un ámbito superior de seres humanos. Son individuos dotados de una especial sensibilidad hacia el diálogo, el respeto y la cultura. Sí, sobre todo la cultura. Por eso resulta un tanto desconcertante observar como, tan excelsos personajes, defienden vehementemente ideas castrantes para sus respectivas regiones. 

Baste observar, por ejemplo, el recurrente uso que del término «nación sin Estado» (ese territorio habitado por individuos que comparten origen, lengua, costumbres, tradiciones y cultura) hacen los nacionalistas. Un concepto bastante despectivo, si lo aplicamos a una comunidad autónoma española porque no difiere, cuanto apenas, de las definiciones de etnia o tribu*(1). La nación como comunidad lingüística, cultural y racial. Todo de un progresismo que apabulla; tanto que da miedo.     

Pueden encontrar ésta, y otras lindezas parecidas, en la cuenta de Twitter https://twitter.com/hour_true

Si hablamos de la cultura, el nivel de desarrollo que alcanza una sociedad en educación,  ciencia, literatura, arte, filosofía, moral, etcétera, la actitud de estos paladines de patria chica todavía se entiende menos: ¿Por qué privar a sus conciudadanos de su soberanía sobre el acervo cultural que suponen Teresa de Jesús,  Quevedo, Cervantes, Lope, Echegaray, Benavente, Blasco Ibañez, Margarita Nelken , Martín Gaite,  Ramón y Cajal, Severo Ochoa, De la Cierva, Torres Quevedo, Emilio Herrera, Velázquez, Goya, Picasso, Ortega, Gustavo Bueno, Maria Zambrano, y una innumerable lista de grandes mujeres y hombres que conforman el patrimonio cultural español?  ¿Cómo realizarán el “corte” cultural? ¿Renunciarán los gallegos a Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Castelao, Cunqueiro, Ballester o al propio Cela porque cultivaron la lengua del Imperio? ¿Harán lo propio los catalanes con Balmes, d’Ors, Ana María Matute, Laforet, Montalbán, Zafón o Mendoza? ¿Y Dalí, qué hacemos con el traidor de Dalí que se sentía profundamente español?

Al hilo de esto último…«Yo soy vasco, y por eso; doblemente español«*(2) decía Unamuno. Y no es de extrañar:  Juan Sebastián Elcano, Alonso de Salazar, Antonio Gaztañeta Iturribalzaga, Miguel López de Legazpi, Agustín de Iturriaga, Andrés de Urdaneta, Lorenzo de Ugalde y Orella, Blas de Lezo y Olabarrieta, Ignacio María de Álava, José Gardoqui Jarabeitia, Cosme Damián Churruca… La historia de la marinería española tiene más de ocho apellidos vascos. A estos, los defensores de la patria Eusquérica ya los han defenestrado. 

Castrar el patrimonio cultural común: despojar a la sociedad gallega, catalana y vasca de la mayoría de su cultura, despojar a la sociedad española de una parte importantísima de ella. 

Y luego no quieren que les llamen fascistas.       

¡Angelitos!

*1 Tribu: Agrupación o asociación social y política propia de pueblos primitivos e integrada por un conjunto de personas que comparten un origen, una lengua, unas costumbres y unas creencias y que obedecen a un mismo jefe.

*2 – Paisajes del Alma 

Miguel de Unamuno – Alianza editorial

+ Sobre nacionalismo : Torra y el Ku Klus Klan de la republiqueta