Cáncer. Ni orgullo ni vergüenza

Coincidiran conmigo en que decir “soy un enfermo oncológico” queda, definitivamente, más fino que decir “tengo cáncer” o “soy un canceroso”, término que, por otra parte, no me ofende. En realidad pocas cosas me ofenden aunque, algunas, me preocupen (sin extrañarme). Por ejemplo, la ocultación que socialmente se hace de nuestra enfermedad es una de ellas; los eufemismos, paños calientes y estupideces con los que riegan nuestros oídos para edulcorar lo que nada tiene de dulce, para suavizar lo áspero, lo duro, lo descarnado. 

Sí. Para desgracia de todos el cáncer sigue siendo en algunos casos letal y nunca agradable. Y quizá por eso, y por que cada vez afecta a más gente, “el personal”  rehuye con mayor frecuencia al enfermo, ya que a nadie le gusta acercarse al que puede ser espejo de su futuro: ¡Imaginate que me pasa lo mismo!. ¡No quiero ni pensarlo!  Así que, el enfermito oculto, a casa a llorar, y a dejarse ver poco. Es lo mejor. Así, si te lo cruzas por la calle haces como que no lo has visto y, si por desgracia, no puedes evitarlo, hablas del tiempo y no mientas la bicha.  

Creo que todo enfermo de cáncer ha padecido estas actitudes tan miserables y, al mismo tiempo, humanas. A mí, particularmente, me han servido para dejar de relacionarme con mucho cretino o, dado mi carácter, para poner en un compromiso al interfecto. En ningún caso para ocultar lo que no resulta vergonzoso. 

Sin embargo, reconozco que no es fácil dirigiese a un enfermo de cáncer. ¿Qué le dices?: “¿Ánimo, campeón?”. ¿Campeón de qué? ¿Qué me van a dar un premio?¿A qué? ¿Al tumor más bonito? ¿A la neurona cancerosa más Chic? ¿Al Pulmón más corroído? ¿A la metástasis más rápida? Pues no, sépanlo ustedes, tener cáncer tampoco es un mérito, es una putada (y gorda)  así que, a partir de ahora, ¡Por favor, medallas las mínimas! 

Y… ¿Qué me dicen de cuando en una revisión surge una duda, qué me cuentan del: “no te preocupes  ¡Ya verás como no será nada!?”. ¡Buff! Cuándo alguien me lo dice suelo pensar: ¡Mira, hay va el oncólogo!; y me quedo con las patas colgando (y los huevos también). Y como , además, las buenas intenciones fallan más que las escopetas de feria,  te da que sí, que va a ser algo, y tu te quedas hecho polvo y el susodicho, luego, como una pitonisa de tercera.

En fin, si ustedes quieren dirigirse a su amigo, enfermo de cáncer, háganlo de corazón y sin caer en topicazos. Pregúntele cómo se encuentra, díganle que le quieren y que están a su lado, “para lo que haga falta”. Y cumplan, si de verdad es su amigo. Y, si no lo es, con un “ lo siento” y  un “¿Cómo se encuentra?” basta.   

+ Sobre el cáncer: Cáncer. No me sea macarra y muérase usted friendly.

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