Cuando la Nación nos salve

No lo duden ustedes,
Será nuestra Nación la que nos salve:
Aquel hombre que friega atestados pasillos
O la auxiliar que limpia esos cuerpos postrados

Será el agotamiento de la médico en prácticas
Quien ofrezca relevo al veterano exhausto
Pues no importan las horas, minutos o segundos:
transformaran, unidos, en vecino al enfermo

No serán las palabras, ni las frases hermosas,
Que será nuestra gente quien nos libre del orco
Combatiendo a la muerte con trabajo y esfuerzo
O a golpe de inventiva, como siempre hemos hecho

Cosiendo mascarillas, fabricando viseras,
Compartiendo sonrisas, fatigas y esperanzas..,
Y si, entre nuestras filas, se esconden miserables
La Nación los desprecia unida y solidaria

Labradores, soldados, científicos, obreros,
Transportistas, taxistas, panaderos, tenderos …
Mujeres y hombres, buenos, de todas las regiones,
de todos los rincones de esta tierra gastada

Ellos son la Nación, la reunión de todos;
Ellos son la Nación,
La Nación que nos salva

“La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”.

Constitución Española de 1812

Puerto de Hierro

Fragmento del epílogo

Como imaginaran ustedes, los últimos (y apocalípticos) acontecimientos van a retrasar, aún más, la publicación de mi libro, Puerto de Hierro, que tenía previsto su lanzamiento para marzo. No obstante y ante tanta ola solidaria (y tanto activismo de aplauso y cacerola) me parece oportuno publicar un fragmento, muy corto, de su epílogo. Espero que les guste.

«No hay conjuras, complots, conspiraciones o planes ocultos. Hay necesidades de mercado y respuestas instigadas por el capitalismo. Su impunidad es tal que no necesita ocultarse. Ha sabido acabar con toda oposición anulando el pensamiento crítico. Y lo ha hecho, en muchas ocasiones, dominando el lenguaje; de facto, en España ganó una de sus más importantes batallas cuándo consiguió que llamaramos “huelga feminista” [1], a un paro promovido y respaldado por administraciones públicas y empresas.

El sistema ha sabido subyugar a la sociedad, dividiéndola en minorías enfrentadas que tienen como común denominador “la opresión”, pero no al opresor. Es este otro triunfo semántico en el que el tirano cambia a medida que lo hace la “identidad” del “oprimido, enfrentando mujer a heteropatriarcado, negro a blanco, transexual a feminista [2], emigrante a Estado, ateo a creyente, homosexual a religioso [3], etcétera, etcétera, etcétera. Divide et vinces. Nada nuevo bajo el sol. Y mientras tanto el capitalismo, único opresor cierto, se escapa de la ecuación porque ninguna izquierda lo cuestiona como sistema; solo se pretende que sea más amigable, más friendly, más cool. Es el deseo húmedo de “Buenafuentes y Bop Pops”, esos que predican y nos indican el camino a seguir para ser políticamente aceptables, mientras callan ante la política laboral de la multinacional que les contrata. Mi amigo Guillermo del Valle lo explica así:

grandes medios de comunicación privados y grandes multinacionales se paralizan cuando hay cualquier reivindicación identitaria. Algunos de los y las más progresistas del lugar, la quintacolumna de cualquier algarada, piden la cena desde su casa a Deliveroo o Glovo, que les envía un esclavo ahora llamado falso autónomo, que suele ser un varón, aunque su novia sea una kelly igual de jodida que él, o cajera en un supermercado echando horas extras sin parar, y sin cobrar ni por supuesto cotizar. Algunos de los y las más progresistas del lugar prefieren buscar el airbnb de turno, o la última ganga de la falsa economía colaborativa aunque sepan que destroza puestos de trabajo y condena a la explotación a muchos. Hombres y mujeres”.

Por eso, corporaciones tan filantrópicas como las propietarias de Facebook y Twitter invierten muchísimo dinero en que, tanto usted como yo, tengamos una sólida herramienta de protesta. Así, ante cualquier injusticia (un despido improcedente, un ERE, un desahucio o una sentencia que recorte nuestros derechos laborales) nos decimos: ¡se van a enterar! Y entramos en Facebook o en Twitter para arremeter contra la administración, el banco, la empresa o el jefe que, esa noche, no duerme. Y no porque le preocupe o le importe una higa nuestro ácido, hiriente e ingenioso tuit, sino porque se ha ido de fiesta o no tiene sueño. Pero además, si somos super activistas , como los yankis de la izquierda californiana, convocaremos una “manifa guay (pasando de sindicatos que para eso está el Whatsapp) a la que, con suerte, acudirán algunos amiguetes, dos blogueros y cuatro gatos más. Un enorme exitazo, si de lo que se trata es de acabar con la militancia sustituyendola por el “activismo”.

Y todo esto si es jueves, porque, si es lunes, tocará manifestarse contra la opresión de los pueblos vasco y catalań [4]. Da lo mismo que Cataluña y País Vasco sean regiones que gocen de las mayores cuotas de autogobierno de Europa, que sean de las más descentralizadas y ricas [5]. Hemos asumido como de “izquierdas”, el discurso burgués del independentismo, equiparando a naciones realmente oprimidas con una Cataluña que, hasta hace poco, acumulaba el 30 % del PIB nacional; o un País Vasco que sigue recibiendo un cupo extra, gracias a un “opresor español” , Cánovas del Castillo, que estableció en febrero de 1878 una forma de recaudación “provisional” (debería haber terminado en marzo de 1886) con el objeto de que, progresivamente, los ciudadanos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya contribuyeran a la hacienda pública, según sus posibilidades, al igual que lo hacía el resto de los españoles. A día de hoy todavía no se ha conseguido.

Cuando se pretende la ruptura de un Estado a través de la secesión de parte de su territorio son los derechos de todos los ciudadanos los que están en juego; es ese territorio político común de solidaridad y libertades (y no existe idea más socialista que esta, la del espacio político común) el que resulta atacado por esa fuerzas reaccionarias y tribales que, disfrazadas de izquierdismo, pretenden decidir sobre lo que es de todos amparándose en derechos feudales, otorgados por algún monarca caduco, y heredados en virtud de la raza, el nacimiento o el lugar de residencia. ¿Hay algo más retrógrado que esto?

Así es como, sin necesidad de complots, el capitalismo va sumando victorias. Con la maquinaria mediática a su servicio y una cohorte de colaboracionistas, algunos involuntarios, que sin prisa, pero sin pausa, vacían a la izquierda de contenido, enfrentan a la clase trabajadora o favorecen la quiebra de Estados procurando una seguridad social depauperada, una sanidad pública que no funciona, una Hacienda pobre, unas pensiones ridículas, un mal reparto impositivo o un gobierno títere incapaz de legislar sobre falsos autónomos, abusos patronales, etcétera.

Olvídense de conspiraciones. Porque, ante la evidencia, las conjuras masónicas quedan solo para las novelas»

[1] La huelga (exceptuando la de hambre que es un medio de reivindicación política) solo puede darse en el contexto de un conflicto laboral ya que esta supone el cese de la producción por parte de los asalariados en aras de una reivindicación circunscrita al ámbito del trabajo y no a otra cosa. La llamada “huelga feminista”, cuyos motivos no cuestiono, supuso el paro de la actividad por parte de administraciones y empresas (prácticamente un cierre patronal) y el que miles de personas dejaran momentáneamente de trabajar por circunstancias ajenas a lo laboral. Esto resultó un triunfo más del capitalismo frente al movimiento obrero ya que desprovee a este de su mejor arma de protesta, la huelga. Cuando cualquier reivindicación política o ideológica, de cualquier tipo o espectro, justa o no, equipara un paro de protesta a huelga, vacía de significado esta palabra. Como vemos, el lenguaje y su uso es fundamental a la hora de manipular a ese ente abstracto conocido como “opinión pública”.

[2] Las feministas descalificadas como TERF (trans-exclusionary radical feminist) niegan la condición de mujer a las transexuales. A esta corriente se la conoce, también, como Feminismo Crítico de Género o RadFem. Por su parte existen colectivos Trans que reniegan del feminismo.

[3] El periódico The Guardian recogió en marzo de 2019 la noticia de que la escuela comunitaria Parkfield en Saltley, Birmingham, U.K., tuvo que suspender un programa dirigido a niños de 4 a 11 años de edad titulado «No Outsiders». El taller pretendía acabar con la discriminación de homoxesuales en el entorno escolar. La negativa de los padres, la mayoría musulmanes, a que se realizara acabó imponiéndose. Esta noticia no es un caso aislado y el enfrentamiento entre identidades, minorías o distintos relatos resulta cada vez más frecuente.

[4] Los procesos separatistas se producen en función de unos inexistentes “derechos territoriales” que suelen sustentarse en privilegios medievales (forales) otorgados por una extinta monarquía absoluta. A este respecto cabe destacar que el nacionalismo es siempre la anti-izquierda. Porque la nación política nace cuando al privilegio (“el trono y el altar”) se enfrenta la nación ”unida e indivisible” de ciudadanos libres, iguales y fraternos. A este concepto de nación (que nace cuándo lo hace la izquierda y de esta) se enfrenta ese otro, retrógrado y cavernario, basado en la lengua, la cultura, el origen y la raza (nación étnica) que defienden los nacionalismos españoles: catalán, vasco, valenciano, gallego… degradando a sus respectivas regiones a la categoría de tribu.

[5] A algunos nos resulta profundamente inmoral y descorazonador considerar “oprimidas” a estas regiones españolas. Quizá porque contraponemos, frente a las siete empresas catalanas del IBEX los 7.000.000 de minas antipersona de la frontera de arena, ese muro compuesto de ocho barreras y 2.720 kilómetros perimetrales construido por Marruecos en el Sahara Occidental para cercar un territorio ocupado ilegalmente. Porque, frente a los “mártires del 1-O”, pensamos en las más de 2.500 personas heridas, mutiladas o asesinadas por los explosivos esparcidos, también en el Sahara y entendemos que no hay comparación posible. No, la dictadura marroquí no puede equipararse al Estado al que Torra y Urkullu representan, ni los políticos presos del “prusés” a los presos políticos saharauis. Porque frente a un inexistente derecho a decidir, enarbolado por separatistas catalanes y vascos, existe el derecho inalienable de la República Árabe Saharaui Democrática a recuperar su territorio, ocupado ilegalmente por Marruecos. No hay, por tanto, equiparación posible. Por eso nos resulta vergonzoso, y doloroso también, que la autodenominada izquierda española blanquee o apoye abiertamente a un nacionalismo que es puro racismo y que denigra, con su mera existencia, a los pueblos realmente oprimidos.

Ecocapitalismo II

Greta Thunberg, la ONU y el negocio del clima
                                         

Greta Thunberg se dió a conocer al gran público en la COP 24 (cumbre por el clima de 2018 celebrada en Polonia ) representando a Climate Justice Now, un chiringuito climático creado en 2007 dedicado a hacer asambleas, debates y manifiestos. Sin embargo Climate Justice Now no realizaba ninguna actividad desde 2009 [1] por lo que algunos la consideran una “organización fantasma”, una burda tapadera creada ex profeso para promocionar a Greta. Según el diario británico The Sunday Times, la adolescente debe su notoriedad al magnate, Ingmar Rentzhog [2], responsable de que Thunberg fuera invitada a la conferencia sobre el clima de la ONU y al Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza. Rentzhog es el Presidente de Global Utmaning, un laboratorio de ideas e investigación en el que participan, además de destacados ejecutivos de grandes empresas energéticas escandinavas, personajes como Petter Skogar, presidente de KFO, la asociación de empleadores más grande de Suecia, una especie de mega ETT que aglutina a cerca de cuatro mil empresas y 135.000 empleados, gestiona seguros privados y se ocupa de la firma de convenios colectivos; Catharina Nystedt Ringborg, miembro de la firma de capital riesgo Sustainable Energy Angels y exvicepresidenta de la corporación multinacional energética suizo-sueca ABB o Anders Wijkman, expresidente del Club de Roma.

Pero volvamos a la puesta de largo de Thunberg ante la opinión pública. Ocurrió, como ya hemos adelantado, en la COP24 celebrada en la ciudad polaca de Katowice en diciembre de 2018. A través de un grabación oficial manipulada (un plano cerrado que daba la impresión de una sala abarrotada) se nos mostraba a una contundente y sobria Greta en lo que parecía un discurso dirigido a un elevado número de personas. Sin embargo, al final de otro vídeo (3:16″) en el que se mostraba la misma intervención, nos encontramos a la activista ante una sala casi vacía [3] y en la que sonaban unos escasos aplausos [4]. Pero ¿Qué objeto podía tener la alteración del vídeo oficial? Quizá la clave se encuentre, además de en la promoción de Thunberg, en el número de asistentes a la COP24: veintidós mil. A este número hay que sumarle otros seis mil asistentes que acudieron como voluntarios y trabajadores. Es decir, unas veintiocho mil personas acreditadas y la pobre Greta hablando para todos los medios pero para unos muy escasos asistentes. No es de extrañar. Las cumbres del clima son de todo (“show, business and money”) menos preocupación por el medio ambiente.

A estas reuniones, y a otro tipo de eventos parecidos, la mayoría de participantes acude en avión pese a que el transporte aéreo es responsable de gran parte de las emisiones mundiales de CO2. El gobierno polaco calculó que la COP de 2018 generó alrededor de cinco mil toneladas de este gas.

Estas cumbres, que podrían sustanciarse mediante conferencias sectoriales realizadas por internet, no ofrecen, sin embargo, ningún tipo de respuesta cierta a la lucha contra el cambio climático y suelen acabar en discursos políticos manidos, coloridas danzas tribales, y frases rimbombantes carentes de contenido. Por no hablar de la absoluta ausencia de propuestas basadas en el método científico. Es decir: todo mero espectáculo y negocio a costa, como siempre, de lo público. En Katowice los asistententes a la COP pertenecientes a las delegaciones financiadas por Naciones Unidas tenían derecho a la devolución de los gastos de viaje, alojamiento, etc.. Además recibían dietas diarias, como el resto de participantes. Incluso los polacos no residentes en Varsovia y Alta Silesia tenían derecho al cobro de las mismas, unos ciento setenta euros diarios. Multiplique usted por doce días de “congreso” y por el número de asistentes… En fin, un calvario eso de ser activista.

Sigamos con el negocio, la incoherencia y, en muchos casos, la contradicción. La COP 25 celebrada en Madrid y que ha tenido como principal atractivo a la activista Greta Thunberg, ha excedido con creces lo gastado en Katowice. El importe de la “reunión climática” ha sido muy superior a los cincuenta millones de euros (según fuentes gubernamentales). Para poner esta cifra en contexto: el sueldo medio de los científicos que realizan, en el marco de un doctorado, una investigación para el el CSIC [5] u otros organismos similares, oscila entre los cuatrocientos [6] y los mil doscientos euros netos mensuales, dependiendo del tipo de financiación y de la comunidad autónoma donde se realicen [7]. Debido a las decimonónicas y obsoletas restricciones que, desde las distintas administraciones se han aplicado a la investigación, se da el caso de que algunos científicos españoles deban usar el dinero de las dietas, destinadas a sufragar los gastos producidos por la participación en ponencias o congresos, en costear el material administrativo necesario para su día a día: fotocopias, tinta de impresoras, etcétera. Por el contrario, el derroche en el activismo ecocapitalista no tiene límites y goza de muy buenos sponsors. Sirva como ejemplo el yate de tres millones de euros que la automovilística BMW, el super elitista Yacht Club de Mónaco y la banca suiza pusieron a disposición de Thunberg para que esta compareciera en la cumbre de la ONU [8].

Putin a Greta Thunberg: «Ve y di a los países en desarrollo que deben seguir siendo pobres» (El Mundo). Para el presidente de Rusia, la activista «es una adolescente mal informada» y «utilizada por adultos».

Pero volvamos a la reunión de los países firmantes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el clima 2019 y a sus contradicciones. Esta generará más de cinco mil toneladas de CO2. Lo sabemos porque, tal y como hemos visto, esa fue la cantidad que echó a la atmósfera la COP24 y la cumbre de Madrid recibió a diez mil asistentes más que la anterior (treinta mil en total) sin haberse tomado ninguna medida efectiva con respecto a este tipo de emisiones. Eso sí, según la ministra de transición ecológica, Teresa Ribera, se captaron entre diez y doce millones de euros a través del patrocinio de empresas como Acciona, Endesa, Engie e Iberdrola. Todo un éxito.

A la ministra de transición ecológica parece no chirriarle que Endesa e Iberdrola ostenten el dudoso honor de encontrarse entre las diez empresas que más contribuyen al calentamiento global en España. De hecho Endesa se lleva la palma con un total de 30.237.175 toneladas en emisiones de CO2 al año, el 10% del total que se arroja a la atmósfera durante este periodo de tiempo [9]. Otro dato: el 25% de las emisiones de este compuesto son producidas por la grandes compañías eléctricas [10] pero, curiosamente la mayoría de medidas que se ofrecen como panacea para reducir el calentamiento global van orientadas al consumidor (trabajador) y no a las compañías multinacionales. ¿Qué se espera, entonces, de las administraciones públicas y las grandes empresas? Veamos lo que, por ejemplo, exige Greenpeace:

En esta COP25 los estados deben cerrar el libro de reglas del Acuerdo de París para sentar unas bases claras de qué y cómo harán para cumplir sus compromisos de no superar 1,5 ºC el aumento de temperaturas globales y de alcanzar un balance neto cero de las emisiones de gases de efecto invernadero en la segunda segunda mitad del siglo”.

Ya tenemos la primera expectativa de Greenpeace: cerrar las bases del Acuerdo de París, un acuerdo que se concreta en los siguientes objetivos: «mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 °C con respecto a esos mismos niveles, reconociendo que ello reduciría considerablemente los riesgos y los efectos del cambio climático; aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero, de un modo que no comprometa la producción de alimentos y elevar las corrientes financieras a un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero». Es decir, se alcanza el compromiso de controlar la temperatura del planeta aunque no se tenga ni idea de cómo hacerlo y se habla de resiliencia (la adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o una situación adversa) pese a que se carezca de cualquier estrategia científica para llevar a cabo esta adaptación. Y como la palabra resiliencia les ha parecido chic, los memos de la ONU la utilizan, también, para «elevar las corrientes financieras a un nivel compatible» con su pedantería. En esta ocasión hace bien Greenpeace en pedir que se concrete cómo se va a controlar la temperatura del planeta.

Los estados deben terminar esta cumbre mostrando un claro compromiso de que aumentarán su ambición climática, ¡puesto que con los compromisos actuales llegaríamos hasta a 3 ºC de aumento de las temperaturas globales a final de este siglo!”.

A partir de este segundo párrafo todo se disuelve en frases hechas: se solicita “un claro compromiso” para aumentar “la ambición climática”. Es decir, exigimos la nada, la promesa de un político. Y con eso nos conformamos. Esas son nuestras expectativas.

El papel de los estados que son más vulnerables a los impactos del cambio climático será clave para empujar a los estados más industrializados y con más recursos. Estos últimos tienen que aumentar su ambición y garantizar financiación para hacer frente a las pérdidas y daños derivados del cambio climático”.

Continuamos con la vacuidad y las abstracciones: ambición, seguimos incidiendo en la ambición. ¿Qué será lo próximo? ¿voluntad, valentía, responsabilidad…?

Necesitamos voluntad y valentía de todos los estados para afrontar esta crisis. Todos deben asumir su responsabilidad y las soluciones necesarias para acelerar la transición energética hacia un modelo renovable, además de conservar y restaurar ecosistemas indispensables como, por ejemplo, la selva amazónica. Países como Estados Unidos, Arabia Saudí o Brasil no pueden bloquear las negociaciones”.

Y, para terminar…

Europa, por su parte, tiene que aumentar el compromiso de reducción de emisiones si quiere mostrarse como un líder climático a nivel internacional que pueda motivar a países como China e India”.

Compromiso, por supuesto. Para terminar más compromiso, motivar a los chinos (¿quizá con un poco de Qi Gong?) y la asistencia a una manifa en Madrid (no es broma) para “pedir acción urgente contra la emergencia climática”. Este es un texto copiado, literalmente, de la página de Greenpeace.

Y, aunque parezca una broma, desgraciadamente no lo es. Lo que hoy entendemos por activismo es una herramienta utilizada para neutralizar la militancia sustituyendola por una serie de artificios bastante ridículos (performances, bailes tribales y otros aquelarres) desprovistos de cualquier componente ideológico real. Y así, se puede ser antifascista (como Greta) y a la vez capitalista (como Greta también); o recibir dinero de los Rockefeller mientras se manifiesta uno contra los intereses de determinadas petroleras (no de todas). Estos ecocapitalistas financiados, colaboradores necesarios del circo climático, no pueden abrir la boca para denunciar, por ejemplo, que la ministra de transición ecológica y la propia ONU aceptan donaciones de las empresas más contaminantes del planeta para sus “performances”. Y mientras esto ocurre, se margina, a través de la falta de medios, a la única comunidad que de verdad puede hacer algo para mitigar el cambio climático: la científica. Pero no crean que esto no tiene sentido. Lo tiene.

Porque, si no es difícil intuir a quién beneficia toda esta “estrategia verde”, tampoco lo es desvelar el porqué o el cómo se saca rédito de ella. La clave está en el mercado y en el valor que la escasez de recursos naturales otorga a los mismos, lo que provoca un encarecimiento del producto para el consumidor final mientras aumenta el beneficio empresarial. Mientras tanto, desde el sector privado se opera para desregular los sectores más próximos a la explotación de recursos energéticos al tiempo que se presiona a los Estados para, a través de entidades con formato de OSAL (organización sin ánimo de lucro) recaudar financiación pública destinada a mejorar la gobernanza de los países sobre sus recursos naturales. Pero esa gobernanza poco tiene que ver con el “buen gobierno”. Al contrario , el término se usa desde la década de 1990 para designar la “buena orientación” en las intervenciones de los Estados, es decir, para marcar cuál debe ser su orientación. Así, por ejemplo, el Instituto de Gobernanza de los Recursos Naturales, una OSAL centrada en “la gobernanza” de los recursos petrolíferos , gasísticos y minerales, pretende recaudar alrededor de 100.000 millones de dólares de las arcas públicas de la mayoría de Estados para, entre otras iniciativas, acaparar más tierras arboladas que permitan la elaboración de biomasa o el hallazgo de nuevos yacimientos. Porque no se pretende que ahorremos energía, se pretende que consumamos, también, otras energías y que a nuestros hábitos de consumo añadamos nuevos productos verdes, en teoría más sostenibles y seguro que más rentables. Se trata de que los países “en vías de desarrollo” continúen siéndolo durante mucho tiempo ralentizando sus procesos de industrialización. Así, mientras, se elimina la competencia y se continúa accediendo a unas materias primas imprescindibles para el consumo en los “países del primer mundo” se ignora a los 1.400 millones de personas que viven en la pobreza. Y, para eso, para generar una cortina de ignorancia sobre el sistema que crea toda esta miseria en el mundo, este tipo de organizaciones privadas, teóricamente verdes, prestan una magnífica coartada. Pero ¿de dónde o de quién obtienen la legitimidad estas entidades para interferir en las políticas medioambientales y energéticas de la mayoría de países? Esa sería una buena pregunta para que la contestaran nuestros próceres.

NOTAS:


1- No existe ninguna referencia a las actividades de esta asociación a partir de 2011, o al menos eso se trasluce tras consultar su página web: climatejusticenow.org que, hace unos meses, se ha traducido al español.

En su anterior versión solo se recogía actividad hasta 2009 y, si se fijan, desde esta fecha prácticamente es un mero repositorio de noticias. Sin embargo  a partir del 30 de mayo de 2017 y coincidiendo con la irrupción de Greta, esta asociación crea una página de Facebook donde mantiene una constante actividad.

2 – Ingmar Rentzhog gestionó importantes fondos de inversión a través Laika Consulting y el gigante inmobiliario Svenska Bostadsfonden. En un movimiento especulativo transnacional, este fondo, realizó una retirada masiva de capitales de empresas de combustibles fósiles. En su cartera de clientes encontramos, entre otros, al multimillonario Gustav Stenbeck que se define como “capitalista curioso y ecologista innato”.

Fuente : The Sunday Times.

3 – Pueden ustedes acceder a las mencionadas imágenes en el canal de You tube Connect4Climate: “Greta Thunberg full speech at UN Climate Change COP24 Conference” o a través del siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=VFkQSGyeCWg (Actualización: se ha reducido, aun más,  el final del vídeo) 

4 – Tan solo un año después , en la COP 25 celebrada en Madrid, Greta Thunberg se ha convertido en todo un “fenomeno mediatico”.

5 – CSIC: Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Agencia estatal adscrita al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Según el citado Ministerio, su objetivo es desarrollar y promover investigaciones en beneficio del progreso científico y tecnológico.

6 – Si el contrato o beca se establece para media jornada (otra cosa es que esta se cumpla)

7 – El Gobierno Sánchez dio un tímido paso para acabar con el limbo legal que sufre este colectivo al aprobar el Estatuto del personal investigador (17/01/2019). Pese a ello, esta norma establece un salario mínimo para los doctorandos de 16.422 € brutos anuales, es decir, unos 1200 € netos al mes (en 12 pagas). Según el Instituto Nacional de Estadística, en España había 66.000 doctorandos en el período 2016-2017. Sin embargo el Ministerio de Ciencia calcula que solo unos 15.000 de ellos “gozaban” de algún tipo de contrato. Los beneficiarios de ayudas de fundaciones (como la Valhondo, de la Universidad de Extremadura) percibían unos 880 euros netos al mes (fuente: El País). Sin embargo, los doctorandos no son “simples estudiantes” sino trabajadores altamente cualificados que, en ocasiones , realizan jornadas laborales de 11 ó 12 horas en investigaciones que redundan en beneficio de la sociedad.

8 – Greta tuvo que repetir el viaje, esta vez de Nueva York a Lisboa, cuando la COP 25 se trasladó a Madrid. En esta ocasión y ante el aluvión de críticas recibidas, la activista realizó la travesía en catamarán.

9 – Según el laboratorio de sostenibilidad. Cifras recogidas durante 2018

10 – Sin embargo se incentiva el uso del coche eléctrico

Entrada anterior: Ecocapitalismo I

Ecocapitalismo I

Como algunos de ustedes saben, en breve, se publicará la versión extendida de Puerto de Hierro, obra cuyas galeradas he dado a leer a diversas personas de distinta procedencia, ideología, formación, etcétera. Ni que decir tiene que, todas, dependiendo de sus circunstancias y afinidades, han reaccionado de manera distinta a su lectura. Curiosamente, si en algo ha coincidido la mayoría ha sido en mostrar su sorpresa, desagrado (e incluso indignación) ante una de las afirmaciones que se cuelan de refilón en el epílogo del libro y que es la siguiente: “la masonería es la precursora del ecocapitalismo de Greenpeace y de Greta Thunberg”. Efectivamente, leída en su contexto, esta aseveración se realiza de manera peyorativa pero, les aseguro, que no es gratuita. Aún así, resulta curioso que sea esta mención al ecocapitalismo, y a los “mesías de lo verde”, la que mayor controversia levantado entre los lectores, aunque quizá se deba a la nota a pie de página que la acompaña y que dice: los relatos utópicos sustituyen la racionalidad por el sentimentalismo dificultando el análisis riguroso de los hechos y enmascaran la realidad. Greenpeace, una de los máximas exponentes de este discurso, recibe importantes cantidades de dinero de organizaciones vinculadas a grandes multinacionales, algunas de ellas compañías petrolíferas. Esta recaudación de fondos se realiza a través de un entramado de fundaciones y empresas. Greta Thunberg se financia a menor escala pero de una forma todavía más pública”.

Pues bien, sirvan las siguientes entradas (dos, hoy publico la primera) para demostrar la evidencia de estas afirmaciones. Hoy le toca a la Greenpeace. Pasen y lean.

Greenpeace no es tan buena

“Proteger la biodiversidad en todas sus formas; detener el cambio climático y prevenir la contaminación y el abuso de los océanos, las tierras, el aire y el agua dulce; promover la paz, el desarme mundial y la no violencia” ¿Quién puede estar en contra de estos utópicos, irreales y hermosos propósitos? Porque, a eso se dedica Greenpeace, a perseguir los nobles ideales que la asociación ecologista muestra como objetivo en su página Web… ¿No?


Sin embargo, la organización verde por antonomasia está cuestionada por más de un centenar de premios nobel que califican su campaña antitransgénicos como “crimen contra la humanidad”. Una durísima imputación que se produce debido a la campaña que la ONG orquestó contra el arroz dorado. Este cereal modificado genéticamente actúa como precursor de una vitamina, la A, cuya carencia sufren, aproximadamente, doscientos cincuenta millones de niños de países en vías desarrollo. La falta de ingesta de esta vitamina provoca, anualmente, unas quinientas mil cegueras y más de doscientas mil muertes entre la población infantil más desfavorecida.
C​iento cincuenta y un premios nobel galardonados, mayoritariamente, por sus aportaciones a los campos de la Biología, la Química o la Medicina, denunciaron este hecho en 2016 a través de una carta abierta a la que se adhirieron más de trece mil científicos. Entre sus firmantes se encuentra, por ejemplo, la bioquímica israelí Ada Yonath, cuyas aportaciones fueron fundamentales para dilucidar la estructura del ribosoma o el biólogo James Dewey Watson quien descubrió, junto con el biofísico británico Francis Crick, el físico Maurice Wilkins y la química Rosalind Franklin, la estructura del ADN. El texto de la carta dice así:

» Para los líderes de Greenpeace, las Naciones Unidas y los gobiernos de todo el
mundo
:

El Programa de Alimentación y Agricultura de las Naciones Unidas ha señalado que será necesario que la producción mundial de alimentos, piensos y fibra se duplique aproximadamente para el 2050 si se quieren satisfacer las demandas de la creciente población mundial. Organizaciones opuestas a la mejora vegetal moderna, con Greenpeace en cabeza, han negado en repetidas ocasiones estos hechos y se oponen a las innovaciones biotecnológicas en la agricultura. Han tergiversado sus riesgos, beneficios e impactos, y han apoyado la destrucción criminal de ensayos de campo aprobados y de proyectos de investigación.
Instamos a Greenpeace y a sus seguidores a volver a examinar las experiencias con cultivos y alimentos mejorados mediante la biotecnología, por agricultores y consumidores de todo el mundo, y a reconocer las conclusiones de los organismos científicos competentes y de los organismos reguladores, abandonando su campaña contra los OMGs (
Organismos Genéticamente Modificados)​​ en general, y contra el arroz dorado en particular. Los organismos científicos y reguladores de todo el mundo han concluido de manera repetida y consistente que los cultivos y alimentos mejorados mediante la biotecnología son tan seguros, si no más seguros, que los derivados de cualquier otro método de producción. Nunca ha habido un solo caso confirmado de un efecto negativo derivado de su consumo sobre la salud de los seres humanos o de los animales. Se ha mostrado en repetidas ocasiones que son menos perjudiciales para el medio ambiente y una gran ayuda para la biodiversidad global.
Greenpeace ha encabezado la oposición al arroz dorado, que tiene el potencial de reducir o eliminar gran parte de las muertes y de las enfermedades causadas por
una deficiencia en vitamina A (DVA), con mayor impacto en las personas más pobres de África y el Sudeste de Asia.

«Activistas» destrozando un campo de transgénicos

La Organización Mundial de la Salud estima que 250 millones de personas sufren de DVA, incluyendo el 40% de los niños menores de cinco años en los países subdesarrollados. Las estadísticas de UNICEF muestran que entre uno y dos millones de muertes prevenibles ocurren cada año como resultado de la DVA ya que esta afecta negativamente al sistema inmunológico, exponiendo a los menores a un gran riesgo. La DVA es la principal causa de ceguera infantil a nivel mundial y afecta a entre 250.000 y 500.000 niños cada año. La mitad mueren en los siguientes doce meses tras perder la vista. Llamamos a Greenpeace a que cese y desista en su campaña contra el arroz dorado específicamente, y contra los cultivos y alimentos mejorados a través de la biotecnología en general. Llamamos a los gobiernos del mundo a rechazar la campaña de Greenpeace contra el arroz dorado específicamente, y contra los cultivos y alimentos mejorados a través de la biotecnología en general, a hacer todo lo posible para oponerse a las acciones de Greenpeace y acelerar el acceso de los agricultores a todas las herramientas de la biología moderna, especialmente a las semillas mejoradas a través de la biotecnología. La oposición basada en la emoción y el dogma en contradicción con los datos debe ser detenida.

¿Cuántas personas pobres en el mundo deben morir antes de considerar esto un «crimen contra la humanidad»”? (Pinche aquí para acceder al texto original en inglés)

La respuesta de Greenpeace fue vergonzosa. Negó el consenso científico (igual que hace Trump con el cambio climático) y lanzó un comunicado basado en una teoría conspiranoica: «las empresas están promoviendo el ‘arroz dorado’ para allanar el camino a la aprobación mundial de otros cultivos transgénicos que les sean más rentables”. Curioso. Porque los científicos que desarrollaron el arroz dorado lo hicieron de forma altruista. Su semilla está libre de patentes. Algo que, sin embargo, no ocurre con la variedad de guisante “ecológico” cuya semilla, registrada, vendía Greenpeace en su página web y de la cual la satánica Monsanto poseía todos los derechos de explotación en España. Greenpeace la retiró de la venta en cuanto se hizo pública la noticia.

Captura de la «antigua tienda ecológica» de Greenpeace. La variedad de guisante RONDO está registrada por una suborganización de Monsanto.
Asgrow seed CO, dependiente de la Satánica Monsanto, y «dueña» de la variedad de guisante RONDO que comercializaba Greenpeace en su Web.

Greenpeace no es tan verde (ni transparente)

En la página web de Greenpeace puede usted leer:
“Somos una organización ecologista y pacifista internacional, económica y políticamente independiente, que no acepta donaciones ni presiones de gobiernos, partidos políticos o empresas». Según Greenpeace: «las donaciones individuales, junto con las cuotas regulares de nuestros socios y socias son la única fuente de nuestros fondos”.

Una falacia.

Greenpeace recibe dinero de Lobbys muy poco ecológicos. Para ocultarlo crea corporaciones o empresas, como Greenpeace Fund INC en Estado Unidos, que se encargan de recoger las aportaciones de grandes multinacionales. La estructura es parecida en cada país donde se va repitiendo el mismo binomio ONG – Empresa. En España la compañía se llama Greenpeace S.L. Puede recabar usted información de esta empresa, aunque muy limitada, en el registro mercantil. Por cierto : sus administradores son Julián Carranza Cobo, que se presenta como Director de Planificación y Servicios Generales, y Mario Rodríguez Vargas. El investigador José Miguel Mulet, Químico y Doctor en Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de Valencia y que le lleva siguiendo la pista a Greenpeace durante décadas señala a Juan López de Uralde, cabeza de lista de Equo en las generales de 2011, como su anterior administrador. Así que la independencia política de Greenpeace también es muy cuestionable.

Equo aprobó la concurrencia del partido en las listas para las elecciones generales de noviembre de 2019 con Más País (antes lo hizo con Unidas Podemos ). López de Uralde salió del partido junto a otros miembros de la directiva. Fue elegido diputado por Unidas Podemos para la XIV legislatura. Ahora amenaza con la creación de un partido ecologista en coalición con los Falanhipsters de UP.

Y… ¿De qué multinacionales recibe dinero Greenpeace? Entre otras, de grandes petroleras. Lo hace a través de un entramado de fundaciones y compañías. Por ejemplo: de una parte tenemos a Greenpeace Fund inc, por otra a la Sustainable Markets foundation, filial de la Rockefeller Brother’s Foundation y ambas vinculadas al imperio petrolífero Rockefeller. Entre 2000 y 2008, Greenpeace recibió un millón ciento cincuenta mil dólares solo de la Rockefeller Brother ́s Fund y en 2016 entre cien y ciento cincuenta mil dólares de su filial.

En 2018 Greenpeace Poland Foundation percibió 38.000 dólares (de Rockefeller Brothers Fund) y Greenpeace Fund Inc 78.000 ; cifra algo inferior a los 325.000 que recibió en 2019, y para dos años. Puede usted contrastar estos datos visitando la página web de la Rockefeller Brothers Fund.

Web de la Rockefeller Brother’s Foundation en la que figuran las donaciones a Greenpeace Fund inc durante 2018/19. Puede consultar el contenido de esta página en el anterior enlace a Greenpeace fund.

Los descendientes de Rockefeller, y responsables de las citadas fundaciones, son accionistas de gran peso (aunque no mayoritarios) de Exxon Mobil. Tienen, también, presencia en bancos como JP Morgan Chase & Co (Chase Manhattan Bank) o CityBank que a su vez participan de grandes petroleras internacionales.

Welcome from Stephen Heintz, President, and Valerie Rockefeller, Chair of the Board

ExxonMobil, fundada como Standard Oil Company en 1870 por John D. Rockefeller, ostenta el “impresionante récord” de ser la cuarta compañía en el mundo en lanzar a la atmósfera emisiones contaminantes: 41.900 millones de toneladas de CO2 desde 1965. La revista Fortune la calificó en 2009 como la segunda empresa con mayor caudal monetario internacional.

Greenpeace recibió otras aportaciones provenientes del “mundo del petróleo”. La Homeland Foundation perteneciente a la familia de J. Paul Getty (el creador de la petrolera Getty Oil) donó a esta organización 460.000 dólares entre 2001 y 2008.

Según relata J.M Mulet, en los noventa, la petrolera anglo-neerlandesa Shell anunció el hundimiento controlado de una plataforma de almacenaje en el mar del norte lo que desató una campaña contra la empresa sin precedentes. Algunos de los datos sobre Shell que Greenpeace aportó durante la protesta resultaron ser falsos por lo que tuvo que disculparse con la compañía.

Diario ABC 06/09/1995

Lo sustancial de esta historia es que otras compañías petroleras habían hundido plataformas de las mismas características sin que Greenpeace realizará la más mínima protesta. De hecho, según Mulet, las compañías petrolíferas americanas han estado, siempre, fuera del punto de mira de Greenpeace. «Pasa como con los transgénicos – dice – que solo son malos en Europa». Pero, además del las vinculadas al petróleo, Greenpeace recibió donaciones procedentes de muy diferentes sectores empresariales.

Edward Turner propietario de las cadenas de televisión CNN, TNT y AOL Time Warner donó , a través de su fundación, 450.000 dólares en tres años. La lista se amplía a la Feller Brothers Fund, la John D. & Catherine T. MacArthur Foundation, la V. Kann Rasmussen Foundation, la Charles Stewart Mott Foundation y un largo etcétera.

Solo en Estados Unidos, Greenpeace cuenta con varias fundaciones y empresas.
Como los flujos de dinero entre ellas son constantes, si se financia a una, se financian las otras. Esta muestra de la política financiera de la ONG se circunscribe solo a Estados Unidos ya que, en el resto de países en donde los ecologistas tienen implantación, el acceso a la información fiscal no resulta fácilmente accesible.

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